Salmo 71: Oración de un anciano

La gente mayor ha tenido la oportunidad de ver la fidelidad de Dios a través de los años.  No es que los problemas sean menos al pasar los años, “No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.  Porque mis enemigos hablan de mí, y los que acechan mi alma consultaron juntamente, diciendo: Dios lo ha desamparado; perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre”, pero las experiencias de lo vivido pueden fortalecer la confianza de que Dios los librará, tal y como lo ha hecho siempre, “Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.  Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.”

El anciano sabe que su refugio es Jehová, y desea desde su perspectiva no ser defraudado.  Sabe que Dios es su roca y castillo y es dónde debe depositar su confianza.  Así lo ha experimentado toda su vida y así lo declara: “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud.”  Yo puedo decir algo así.  Dios ha sido mi castillo fuerte, mi refugio y mi salvación desde mi juventud.  Alabo al Señor porque nunca me ha dejado, ha sido siempre fiel aún en los momentos que yo no lo he sido, y me ha dado el privilegio de servirle y trabajar en su obra.  Según pasan los años, no es que hay menos problemas, sino que uno aprende cada día más a confiar en el Señor.  Uno exclama junto al salmista; “Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente.  Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.”

¿Cómo es ese refugio?  Ese refugio le da a uno fortaleza y confianza.  Siempre habrá dudas, pero uno se las pone en las manos del Señor y continua hacia delante.  Uno lo hace así porque se siente seguro que tiene a Dios cuidando la espalda y abriendo el camino de frente.  También uno sigue hacia delante porque está seguro de su destino eterno.  Eso es lo que uno aprende a lo largo de su vida y puede aplicar en la vejez.  Uno clama a Dios por liberación pero a la misma vez uno alaba a Dios por su provisión.  Nunca pero nunca Dios nos abandonará.  ¡A Él sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos! “Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa, oh Santo de Israel.  Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, y mi alma, la cual redimiste.  Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día . . .”

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