Marcos 11: La entrada triunfal en Jerusalén

Jesús entra triunfalmente, las multitudes lo reconocen como el Mesías y lo honran como tal.  Pero luego veremos que no duró.  ¿Acaso no actuamos nosotros de manera similar?  Un día vamos a la iglesia, un amigo o familiar nos lleva o en algún sitio en una manera privada o pública nosotros escuchamos acerca de Jesucristo.  Tal vez lo oímos muchas veces antes o tal vez fue la primera vez pero ese día fue diferente.  Lo entendimos todo.  Nos damos cuenta de que somos pecadores, que necesitamos perdón y estamos convencidos que esta es la respuesta de manera que entregamos nuestras vidas al Señor.  Comenzamos a servirle, continuamos buscándole pero tenemos que seguir viviendo nuestra vida aquí en la tierra.  Él por unos pocos días es nuestro Mesías, pero poco a poco las cosas regresan como eran antes y aunque reconocemos que fue algo fuera de lo común y sabemos que fue importante, dejamos de comportarnos con Jesús de la manera que un siervo se comportaría con su Señor.  Hosanna gritaba la multitud.  Hosanna literalmente significa salva ahora.  La multitud no entendía que eso era precisamente lo que el iba hacer esa semana pero era un salvación diferente a la que ellos tenían en la mente.  Pero a la multitud solo le duro un día.  ¿Durarán nuestros Hosannas un solo día también?

Al día siguiente, cuando Jesús purifica el templo, y echa a fuera los que vendían y compraban allí, lo hace de su deseo de que la casa de Dios sea casa de oración para todas las naciones.  En mi niñez fueron muchas las ocasiones que ese pasaje se usaba para tomar decisiones de que tipo de transacciones comerciales iban a pasar en los terrenos de la iglesia.  El crecer en un país predominantemente católico, donde la parroquia hacía bingos y fiestas para levantar fondos, era refrescante ver como la iglesia evangélica rechazaba esto por no ser apropiado para la casa del Señor.  Los estudiosos nos dicen de como los que controlaban el templo, usaban el pretexto de la moneda del templo, para oprimir aquellos que trataban de acercarse a Dios con sus ofrendas.  También, luego de rechazar la ofrenda de un animal que traían los peregrinos, por no ser sin defecto, les vendían a precios exorbitantes lo animales que ellos tenían para los sacrificios de rigor. 

No sé, pero al visitar nuestras iglesias me pregunto si tenemos nuestras casas de adoración en el estado que Dios espera.  Hemos tratado de modernizarlo todo que hasta aceptamos negocios en nuestros lugares de adoración pensando que es para bien de la obra.  Mas importante aún, ¿podemos reclamar nosotros hoy en día que nuestros edificios pueden ser llamados casa de oración?  En muchas de nuestras iglesias hemos hasta eliminado los servicios de oración con la excusa de que ahora pasan en los grupos pequeños o que eran los de menor asistencia.  Hablamos mucho sobre la oración pero casi no le dedicamos tiempo a ella en nuestros cultos.  Alegamos creer en el poder de la oración, pero actuamos como si todo dependiera de nosotros y no de Dios.  ¿No es tiempo ya que nuestro lugar de adoración vuelva a ser llamado casa de oración?

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Filed under Vida de Jesús según Marcos

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