1 Reyes 8: Salomón dedica el templo

Este Salomón si sabía orar.  Era exactamente la mejor ocasión.  Por primera vez se edifica casa para Dios en Jerusalén.  Lo que David quería hacer y Dios no lo deja, al fin se construye bajo la dirección de su hijo Salomón.  Era un gran día.  Movieron el arca y la llevaron al templo, la pusieron en el lugar santísimo y el sitio se llenó de la presencia y gloria de Dios.  Nos dice las Escrituras: “Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.  Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.”  ¿Qué habrán sentido los que estaban allí?  Me acuerdo hace muchos años atrás (mas de los que quisiera confesar) en un retiro en el anexo de la iglesia, cuando un grupo de jóvenes recién convertidos estábamos orando, ayunando y clamando por la presencia de Dios.  Dios se reveló de una manera tan real que todavía me acuerdo de la experiencia y de su presencia.  Estoy seguro que eso ni se acerca a lo que experimentaron los que se encontraban allí cuando la gloria de Dios llenó el nuevo templo.  En medio de todo esto, Salomón comienza a orar.

Salomón recuerda las promesas hechas por Dios a su padre David y como Dios ha sido fiel y las ha cumplido.  El hace lo mismo que su padre, y en la oración, usa la oportunidad para pedirle a Dios que reafirme su deseo de cumplir lo que le prometió años antes a David con respecto a que la descendencia de David estará sentada en el trono de Israel. Salomón deja bien claro que el Dios del universo no puede morar en un edificio.  Sin embargo, la presencia de Dios, o sea su “Nombre” moraría allí.  Si nuestros cuerpos son templos de Dios, ¿estará su “Nombre” habitando en ellos?  Salomón pide: “que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.”  Si tenemos a Cristo en nuestro corazón, su “Nombre” esta allí y si es así tenemos asegurado que nuestras oraciones van a ser escuchadas.  Lo importante es que su presencia nunca se aparte de nosotros.

Salomón oró de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo.  Ya esto no se ve.  De niño, me acuerdo antes del comienzo del servicio, muchos arrodillados en el altar, extendiendo sus brazos al cielo y clamando y pidiendo delante de la presencia de Dios.  Esto no pasa en mi iglesia americana, nadie ora arrodillado en el altar antes del comienzo del servicio y estas practicas piadosas ponen incomodas algunas personas.  ¿Qué vamos hacer?  ¿Nos atreveremos?

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Filed under Oraciones de la Biblia

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