Daniel 9: Oración de Daniel por la salvación de Jerusalén

La lectura de esta oración nos hace pensar en el estilo con el cual Daniel se acerca a Dios y como Dios responde a este, con un mensajero del Cielo para darle una idea de los tiempos y de las edades.

Daniel antes de comenzar a orar, al igual que Esdras, se humilla  delante de la presencia de Dios, no solo en oración, sino también en ayuno, silicio y ceniza.  Luego de esto, comienza a orar, primeramente alabando a Dios (“Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos”), e inmediatamente después, confesando el pecado de todo el pueblo que lo incluye a él (“hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas”). Es maravilloso ver lo que mueve a Dios.  Definitivamente que Dios escucha al que se acerca a él con el corazón contrito y humillado.  Lo vimos con Esdras, lo vimos con David y ahora lo vemos con Daniel.  Este reclama que aún en medio de las calamidades que nos pasan, Dios es justo pero que también Dios es misericordioso y nos puede perdonar a pesar de nuestras rebeliones.  Daniel reconoce, como decimos nosotros, que se lo “buscaron”, que Dios se los advirtió en su ley, que el castigo es justo, pero eso no quita el hecho de que se le va a pedir a Dios misericordia.  Daniel también apela al hecho de todo el mundo sabe como Dios los sacó de Egipto, los llevó a Jerusalén, los sacó de allí, los castigó, pero que Dios por amor de si mismo, debe de perdonar los pecados del pueblo para que su nombre sea invocado nuevamente en Jerusalén.

Dios responde enviando a Gabriel para darle a Daniel sabiduría y entendimiento.  Esto es debido a que Daniel es “muy amado” de parte de Dios.  ¿No es esto maravilloso?  Dios provee respuesta porque hay un siervo de él que le sirve, se humilla y pide perdón a nombre del pueblo.  No para sus propios intereses, sino para que la justicia y el amor de Dios resplandezcan.  ¡Que lección para nosotros!  Todo esto aumenta mi convicción que el mejor sitio para estar es al lado de Dios.  Que voy a pecar en el futuro, es claro, que Dios me mostrará mi error, de seguro, pero lo más importante es humillarme delante de Dios, pedir perdón y abandonarme a su misericordia.  Solamente, de esta manera, seré reconciliado y moraré delante de su presencia nuevamente.

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