2 Reyes 5: Eliseo sana a un poderoso general extranjero

Dios, sin los generales o potentados saberlo, está en control.  Aquí tenemos a un general sirio que siempre pensó que le servía a sus dioses y a su rey pero en realidad “por medio de él había dado Jehová salvación a Siria”.  Un general impío, un rey que no conocía a Dios, sin saberlo, lo que hacían se debía a que Dios les permitía hacerlo.  Esto es algo que es fácil de olvidar, en medio del trajín diario y de la prueba, que Dios esta sobre todo y que al fin y al cabo ni un hoja de los arboles se mueve sino es por su poder.  ¡Aleluya!

Sin embargo, a través de la historia, siempre hay siervos y siervas de Dios, que conocen esta verdad y actúan conforme a ella.  Este es el caso de Eliseo que nos dice las escrituras: “Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.”  El rey de Israel recibe una nota del rey de Siria diciéndole que espera que sane a su siervo Naamán.  Este se asusta pensando que es una estrategia de Siria para tener una excusa para atacarlo.  Cuando Eliseo se entera le envió el mensaje anterior al rey.  ¡Qué forma de responder!  Fue como decirle que me envíes a ese general porque aquí Jehová tiene profeta en Israel.  ¡Qué seguridad tiene Eliseo de que Dios está en control!  El sabe a quien él le sirve y que él es su profeta y por lo tanto no tiene ningún temor.  Tenemos que aplicar esto a nuestras vidas y confiar en su poder y magnificencia. 

Lo otro que debemos emular de Eliseo es el hecho de que el sabe quien hace el milagro y por lo tanto no acepta recompensa porque no se debe a él sino a las misericordias de Dios que actuó a favor de Naamán.  Giezi piensa que es una buena oportunidad para hacer algún dinero.  La gente que quiere hacer trampa se les olvida que Dios lo ve y lo sabe todo y cuando quiere se lo revela a sus siervos, aquello que esta oculto.  Giezi vino por la lana y terminó trasquilado.  En este caso terminó con lepra.  Dios no puede ser burlado y lo mejor que podemos hacer cuando pecamos es lanzarnos a sus brazos, pedir perdón y confiar en su amor y en su misericordia.

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