Hechos 2: La llegada del Espíritu en Pentecostés

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;  vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.”

Este es el pasaje que nosotros siempre relacionamos con la llenura del Espíritu Santo.  Es uno de mucha acción y muchos elementos dramáticos.  Por ejemplo, todas las manifestaciones físicas indicaban de que algo único y especial estaba pasando.  Miremos como dice el texto: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”  Tenemos el estruendo, el viento recio, lenguas de fuego y hablar en otras lenguas; ¿qué otra evidencia necesitamos?  La iglesia iba a nacer ese día y por lo tanto era necesario que no hubiera duda de la importancia de los eventos.    El resultado de esto fue que todos fueron llenos del Espíritu y la gente reconocía que algo especial había sucedido.

Esa reacción es típica aún en nuestros tiempos.  Los observadores de cosas espirituales tienen una de dos respuestas: se preguntan cuál es el significado de lo que ven o piensan que todos están borrachos.  Tenemos que tener cuidado de no juzgar las cosas del Espíritu ligeramente.  Dios no tiene ninguna obligación a conformarse a  lo que nosotros esperamos de él.  Mas vale esperar antes de emitir juicio a decir inmediatamente que no es de Dios para luego, cuando finalmente veamos a Dios en medio de lo eventos, tener que reconocer que nos equivocamos.  He visto muchas cosas extrañas en mi vida así que es tiempo de que aprenda a esperar y buscar dirección de Dios antes de emitir juicio.  ¡Por más que trato de encajonar a Dios, él nunca se deja!

Otra cosa que  me llama la atención es el hecho de que “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos”.  En muchas ocasiones se nos olvida el hecho de que Dios espera que nosotros su pueblo seamos del mismo sentir.  ¡Las grandes bendiciones que nos esperan si venimos a Dios unidos y con un mismo sentir!  Una iglesia local que esté dividida no puede ser llena del Espíritu Santo.  Tenemos que buscar ser llenos, como un solo cuerpo, si deseamos tener la experiencia corporativa de la doble porción del Espíritu en nosotros. 

Pedro inmediatamente explica lo que ha sucedido usando el pasaje en Joel.  Pero lo que es significativo para mí es que todas esas profecías, visiones y sueños tienen como propósito que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”  Nunca debo olvidar que la razón de ser lleno del Espíritu Santo es para la proclamación del evangelio con denuedo y la edificación de su iglesia.

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