Gálatas 5: Vida en el Espíritu

Libre, tú me hiciste libre, tú me hiciste libre, libre Señor.

Rotas, fueron las cadenas, que estaban atando, mi corazón.

 

Este es el corito que me viene a la mente cuando leo las palabras del comienzo del capítulo 5.  Pablo nos dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”  Es increíble, pero en muchas ocasiones nosotros preferimos ser esclavos de la ley en vez de gozar la libertad de la gracia.  Leí en una ocasión, que luego de finalizar la guerra civil americana, algunos de los esclavos se quedaron con sus amos a pesar de ser abolida la esclavitud, simplemente porque no se acostumbraban a su nuevo estado de libertad.  Jesús nos libró de la esclavitud de la ley, dándonos la libertad que viene de su gracia y de su amor.  Sin embargo, nosotros seguimos imponiéndonos reglas porque nos sentimos más cómodos cuando alguien nos dice que tenemos que hacer, en vez de descubrirlo nosotros mismos a través de la guianza del Espíritu Santo.  ¡Somos libres en Cristo así que voy a gozar de esa libertad!

Dios en el juicio final, al vernos, no nos verá como pecadores para condenar sino como siervos de justicia que hemos sido justificados por la sangre de Cristo derramada en la cruz.  Las escrituras nos dicen: “Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;”.  Esa esperanza para mí tiene que ver con la segunda venida de Cristo.  Un día los cielos serán abiertos, y Jesús vendrá a buscar a su pueblo y ahí seremos perfectamente libres por toda la eternidad.

A través de la lucha continua de parte nuestra, es como podemos consistentemente andar en el Espíritu.  Pablo no exhorta: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”  ¡Yo quiero andar siempre en el Espíritu!  No es algo fácil, porque siempre estamos luchando con el fariseo que está en nuestro ser.  Naturalmente buscamos estructura, y la ley, aunque no podemos cumplirla, nos parece atractiva por esas razones. “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.”  No es que vayamos al libertinaje, sino que simplemente vamos a permitir que el Espíritu en nosotros, dirija nuestras vidas.  ¡Vamos a disfrutar la libertad que Cristo nos da!

Esa nueva libertad encontrada en él, permite que su fruto crezca en nuestro ser.  Ese fruto se manifiesta en amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.  Por eso es, que finalmente Pablo exclama: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”  ¡Señor, ayúdame a siempre manifestar el fruto del Espíritu en mi vida!  ¡Qué me aleje de la carne con sus pasiones y deseos!

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