Éxodo 3: Dios oye el clamor de los esclavos

Con este blog comenzamos el nuevo tema de Justicia Social.  En los próximos 14 días estaremos revisando diferentes capítulos sobre este tema con la expectativa que el Espíritu nos dirija a meditar y entenderlo un poco mejor.  Luego de que Moisés huye de Egipto, él pasa muchos días en el desierto con Jetro su suegro, donde Dios definitivamente moldea su carácter.  Cuando llego su tiempo, Dios se le aparece a Moisés “en una llama de fuego en medio de una zarza”.  Cuando Moisés se acerca surge una de las conversaciones con Dios mas importantes de toda la historia.  Luego de identificarse, Dios le informa a Moisés que “he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias”. . .   La palabra “exactores” lo que significa es “capataces”.  Dios escucha las oraciones de los oprimidos de su pueblo que claman a Dios para que actúe a su favor. Como dice el pasaje “El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.”  Dios decide actuar, y escoge a Moisés para que sea su mensajero ante el Faraón y sea el líder de su pueblo.

Ante el pedido de Dios, Moisés se resiste porque tenía serias dudas de su capacidad para dirigir.  Esto es interesante porque el había sido criado como príncipe de Egipto.  Y por eso, de seguro que había sido entrenado para dirigir y mandar.  Algo le había sucedido que se resiste tanto al pedido de Dios y comienza a poner toda clase de excusas.  Me parece que la experiencia traumática de saber que lo estaban buscando para matarlo y tener que escapar rápidamente al desierto a ocultarse, lo había marcado y convertido en alguien inseguro de si mismo.  ¿Quién lo puede culpar?  Dios insiste y a través del libro vemos a un Moisés que se desarrolla culminando en uno de los líderes más decisivos y poderosos de la historia.  Esa es la actitud que yo quiero tener.  Mi confianza se tiene que basar no en mi habilidad sino en que Dios me ha llamado a realizar una tarea.  Esa convicción es la que me va a permitir enfrentarme a lo que sea para la gloria de Dios.  No es que el camino sea fácil, el de Moisés no lo fue, pero de la misma manera que él salió de allí convencido de que Dios lo había llamado, le pido a Dios que me de el mismo convencimiento de su dirección y plan para mí.

Dios tiene siempre misericordia de su pueblo.  A veces nos parece que se ha olvidado de nosotros pero no es así.  El actúa en su tiempo y no en el nuestro, pero él escucha el clamor de su pueblo y no mira con buenos ojos a aquel que oprime a otros.  El no estaba de acuerdo con el hecho de que los egipcios estaban oprimiendo a los israelitas y por eso actúa para librarlos.  ¡Qué bendición es el estar presente y ver a Dios actuando a favor de su pueblo!  ¡El es siempre fiel!

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