1 Reyes 21: Elías le habla a un rey asesino que se ha apoderado de una propiedad ajena

El episodio de la viña de Nabot es uno interesante en la historia de los reyes de Israel.  En cierto sentido, el robo no fue más que un pequeño suceso en el reinado de Acab.  Sin embargo, se le dedica mas espacio en el libro que otros reinados completos.  Este hecho demostraba el abuso del poder de parte del rey y su absoluto desprecio por el pacto de Dios.  Todo israelita tenía derecho a poseer una porción de la tierra prometida; ni siquiera un rey podía usurpar legalmente tal derecho.  Es mas, la venta de dicha tierra quebrantaría la ley que Dios le dio a Moisés.  La codicia de Acab y la intriga de Jezabel llevaron al asesinato y finalmente anticiparon la perdición que le esperaba al reino.

Los personajes en las escrituras son siempre bien interesantes.  Por ejemplo, tenemos al rey Acab, su reacción a la negativa de Nabot de venderle su viña es como la de un niño.  Se pone triste, está enojado, no come y se va a la cama molesto para que mami le coja pena.  Le funcionó porque su esposa Jezabel se acerca y le pregunta que pasa.  Al saber lo que sucedía desarrolla un plan para matar a Nabot, adquirir la viña y dársela a Acab.  Lo primero que me viene al pensamiento es el hecho de que vender la propiedad era un pecado y estaba en contra de la ley de Dios.  Como vimos hace par de días, en Levítico 25 es bien claro que si la vendía tenía que como quiera regresar a su familia en el año del jubileo, por lo tanto solo podía arrendarla.  Lo que le pide el rey Acab, está en contra de las ordenanzas de Dios, Acab lo sabe y sin embargo acepta el plan de Jezabel.  Parece increíble, pero Dios no ignora estas cosas y menos cuando la conducta equivocada viene del rey, el que gobernaba al pueblo en el nombre de Dios.

Otro evento interesante es como los ancianos y principales se prestan a las artimañas de Jezabel.  Ellos sabían que era incorrecto lo que le pedían.  Era un robo y asesinato a sangre fría.  Nadie se niega, o por lo menos le advierten a Nabot para que huya, sino que sin protestar hacen la injusticia que Jezabel les pide.  Es difícil enfrentarse a una autoridad superior y más cuando tiene poder de vida y muerte sobre uno.  Pero, Elías lo hace, así que es difícil pero no imposible, y al fin al cabo tenemos que decidir a quién vamos a servir, a Dios o a los hombres.  Espero que siempre Dios me de la fortaleza de elegir lo correcto aunque no sea la senda mas fácil.

Acab y Jezabel nunca pensaron que Dios los estaba observando.  Dios no deja pasar la injusticia y especialmente cuando proviene de aquel que Dios le ha permitido gobernar.  Elías encuentra a Acab y es claro que Acab esperaba juicio de parte de Dios en ese encuentro.  Es hasta un poco gracioso el intercambio entre ambos: “Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová.”  Acab lo consideraba enemigo pero sabía que como mensajero de Dios no podía tocarlo.  La respuesta de Elías va más en la línea de “sí, te encontré, porque has hecho lo malo, ¿qué esperabas, qué Dios lo iba a ignorar?”.  Cuando tenemos el poder y lo utilizamos injustamente, Dios no lo deja pasar por desapercibido.  Toda autoridad proviene de Dios pero también la responsabilidad y algún día tendremos que responder por nuestros actos.  ¡Ojalá que cuando suceda, Dios no nos encuentre faltos!

Después de un juicio tan terrible y tan definitivo, Dios nos continúa sorprendiendo.  Dice el pasaje: “Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.”  Acab sabe que las palabras de Elías provenían directamente de Dios.  Ante el juicio de Dios, solo una cosa Acab podía hacer, humillarse y ver si Dios se movía en misericordia.  Así, que se rasga sus vestidos, se viste de saco, ayuna y se humilla reconociendo la autoridad de Dios sobre él.  Dios, que conoce los corazones, ve la sinceridad de su humillación y reacciona diciendo: “¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.”  Si hubiera sido yo, inicialmente no lo hubiera perdonado.  Pero al pensar lo que Dios en la cruz hizo por mí, se que no hay tal cosa como un pecado que no tenga perdón.  Nuestro Dios es uno maravilloso, que se mueve a misericordia si nos humillamos, aún cuando hayamos hecho una barbaridad.  Espero que cuando yo falle, me acuerde que no importa lo que haya hecho, si me humillo y pido perdón, voy a poder alcanzar misericordia y él me va a perdonar.

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