Isaías 5: ¡Ay de los materialistas parranderos!

Este “canto de la viña” es como un resumen del mensaje de Dios a Judá.  Aunque Dios había hecho todo para cuidar de Israel, su “viña”, solo había producido uvas silvestres (agrias).  A eso Dios se pregunta: “¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?”

Dios había tenido cuidados con su pueblo.  Lo rescató de la esclavitud, lo trajo a la Tierra Prometida, lo liberó de sus enemigos, le dio reyes y profetas para que tuvieran la oportunidad de hacer lo correcto, pero siempre escogieron seguir sus caminos y no los caminos de Dios.  Dios esperaba un tipo de fruto que nunca recibió y por lo tanto, pasó juicio sobre ellos.  Este juicio resultó en la desolación de la casa de Israel.

El profeta Isaías comienza a denotar con sus ayes, una pena o temor de lo que va pasar.  Pero, otra interpretación de un ay, es cuando uno quiere denotar una amenaza como diciendo “mucho cuidado con atreverte hacer eso”.  Sea uno o el otro, el hecho es que vemos un quejido de parte de Dios, como que implicando que ya se va acabar todas las oportunidades que estaba dando.  El profeta critica a los que estén añadiendo propiedades, especialmente por medio de la usura, que tuvimos la oportunidad de meditar en ello ayer.   En adicción menciona los siguientes ayes por:

  • los que madrugan para emborracharse, y al calor del vino se quedan hasta la noche
  • los que con mentiras arrastran la maldad, que arrastran el pecado como quien tira de un carro
  • los que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno; que convierten la luz en oscuridad, y la oscuridad en luz; que convierten lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo
  • los que se creen sabios y se consideran inteligentes
  • los que son campeones bebiendo vino, y  nadie les gana en preparar licores
  • los que por dinero declaran inocente al culpable y desconocen los derechos del inocente

Mi primera reacción a la lista es en cuales de los grupos estoy yo.  Estas son actitudes que Dios no acepta de su pueblo.  Tenemos que tomar las cosas de Dios en serio, y no pensar que podemos tomarlas a la ligera.  Dios espera de su pueblo un estándar mas alto que del resto de la población.  Es tiempo que aceptemos el hecho de que como representantes del reino, tenemos que vivir una vida conforme a nuestra ciudadanía celestial y no vivir como viven los del mundo.  Esto se llama vivir una vida de santidad.  ¡Dios, ayúdame a vivir conforme a tus mandamientos y preceptos!

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