Isaías 58: El culto que Dios acepta

Este capítulo presenta la actividad espiritual que Dios aprueba.  Esta perspectiva es muy similar a la que encontramos en Santiago 1:27 que nos dice: “La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es ésta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo.”  En esta ocasión, el profeta Isaías, inspirado por Dios contrasta el ejercicio de disciplinas espirituales con la práctica de la vida diaria.  Se pregunta: “¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido?”  La respuesta la da el mismo profeta cuando contesta: “He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.”  Desde la perspectiva de Dios, de nada vale el sacrificio que hagamos haciendo la disciplina espiritual si en nuestra rutina diaria nos pasamos oprimiendo al trabajador humilde o al pobre.  Una de las cosas que Dios reacciona es a la injusticia, y para él lo importante es la acción con el corazón en el sitio correcto, a ir a través de la mecánica de una disciplina espiritual que no tiene ningún significado.

El pasaje, usando preguntas retóricas, primeramente señalan lo que esta mal, y luego con preguntas señala lo que Dios espera de nosotros. Veamos: “¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?  ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?  Dios espera que atendamos a la viuda, al huérfano y al necesitado y esto es mejor que cualquier sacrificio para Dios.

Si hacemos justicia social, Dios nos dejará que lo invoquemos y él nos va a escuchar: “Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí.”  Y no solo eso, sino que “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.” 

Esto me hace reflexionar en el hecho de que todo debe de existir en un balance, que se combine las disciplinas espirituales con la justicia social de tal forma de que la gente en necesidad se beneficie y nuestra alma que necesita refrigerio espiritual se refresque.  La iglesia no está en esta tierra solamente para predicar sino que también esta para trabajar con los necesitados.  No se debe hacer una, dejando de hacer la otra.  Pero la segunda parte de este pensamiento es tan importante como la primera.  ¿Estoy yo balanceando en mi vida ambos?  ¿Le doy yo mas importancia en mi vida a el ganar a otros para Cristo que el ayudar a un necesitado?  ¿Qué cosa en específico puedo hacer para alcanzar el balance de Dios?  ¡Señor, ayúdame a alcanzar ese balance y que en mi corazón tenga ambas inquietudes de tal forma que mis acciones lo reflejen!

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