Amós 6: ¡Ay de los complacidos!

Unas de las cosas que Dios siempre aborrece es la arrogancia y la creencia de que uno es mejor que los demás.  El problema básico de esa actitud es que al creerte mejor que los demás, no vas a escuchar el consejo sabio, ni tampoco vas a oír la voz que te quiere corregir.  No nos olvidemos lo que dice el salmo: “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.”  El primer problema que señala Amós es que los israelitas están viviendo una vida muy fácil y por lo tanto viven muy confiados.  El asunto clave del porque este juicio tan fuerte de parte de Dios lo encontramos en el versículo 12 que nos dice: “¿Por qué habéis vosotros convertido el juicio en veneno, y el fruto de justicia en ajenjo?”  En otras palabras, Dios les esta diciendo que han vuelto todo al revés.  Estos nobles, príncipes, hombres de negocio importantes, han logrado (dice irónicamente Dios) lo que parecía imposible: han convertido la justicia en muerte y en tristeza la alegría de todo un pueblo.

De otra parte, aparentemente ellos habían tenido unas pequeñas victorias militares que les habían dado la confianza de que podían vencer potencias poderosas de la época.  Eso es lo que indica la escritura que dice: “Vosotros que os alegráis en nada, que decís: ¿No hemos adquirido poder con nuestra fuerza?”   A eso Dios les responde que los va a castigar trayendo una nación que los conquiste y los venza por completo.

Lo que quiero resaltar es el hecho de que la causa de la complacencia es el resultado de sus injusticias que aparentemente les estaban dando dividendos a corto plazo.  Lo que ellos no realizaban, es que Dios no les va a dejar disfrutar de los frutos de la injusticia sino que va a castigarlos de una manera severa.  Ves tras vez vemos como Dios no se complace cuando no actuamos justamente, especialmente cuando maltratamos al pobre y al necesitado.

La aplicación para mi vida personal es que mas vale que tenga cuidado y actúe justamente porque Dios protege al pobre, al extranjero y a la viuda y puedo tener que un día responder a Dios por cualquier acción que tome a favor o en contra de ellos.  Si dejo que el Espíritu Santo llene mi vida y sigo su dirección, no tengo que temer nada porque el Espíritu me dará testimonio de aquello que sea incorrecto delante de Dios, como también, me indicara de lo que tengo que hacer que agrade a Dios.

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