Santiago 2: ¡No tengamos favoritos!

Este es el último blog sobre el tema de Justicia Social.  El capítulo comienza con la simple idea de que no debemos tratar a unas personas mejor que a otras cuando nos dice: “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.”  Esta primera idea es tan razonable y a la misma vez tan difícil de cumplir.  Nosotros estamos acostumbrados a reconocer la autoridad y lo que llamamos éxito.  Tendemos a gravitar hacia los que creemos que “lo han logrado”, nos sentimos seguros alrededor de ellos e inconscientemente pensamos que tal vez algo se nos va “a pegar”.  Así que le buscamos los mejores sitios, les damos las mejores oportunidades y buscamos que se sientan bien para que regresen.  Pero sin embargo a los pobres . . ., a los pobres los tratamos diferentes.  Pensamos a que vienen a buscar, que lo que quieren es que la iglesia le de, juzgamos sus intenciones cuando la misma escritura nos dice: “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?”  Nosotros no tenemos ningún derecho a maltratar o despreciar a los pobres en la iglesia.  Si lo hacemos, estamos haciendo acepción de personas, cometiendo pecado y desobedeciendo a la ley de Dios.

Santiago nos advierte que tengamos cuidado con todo lo que hacemos y decimos “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.”  Simplemente Dios no tendrá compasión de aquellos que no se compadecieron de otros.  Así que me tengo que examinar, ver mis motivos, estar seguro que dejo que el Espíritu obre en mí y que no le ponga impedimentos para que esa semilla de regeneración crezca, me haga comprender el corazón de Dios y que comience a renovar mi corazón para hacerlo cada día mas y mas conforme al de Dios.  Esa es la única manera que no vamos a actuar parcialmente a favor de los que tienen e ignorar a los que no.

Santiago procede a preguntarnos: “¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”.  No podemos tener solamente buenas intenciones sino que tenemos que actuar en ellas.  No basta que veamos al necesitado, reconozcamos su necesidad, oremos por ella, sino estamos dispuestos a actuar y tratar de suplir esa necesidad.  Como dice las escrituras que: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”  Es necesario que actuemos conforme al corazón de Dios y no busquemos excusas para no hacer lo que sabemos que tenemos que hacer,

Si Pablo fue el apóstol de la justificación por la fe, Santiago es el de “la fe sin obras está muerta.”  Esto es una de las cosas que hace maravilloso el evangelio.  Esto de la fe no es algo teórico sino que también es práctico.  Esto no es para quedarme pensando, analizando y especulando.  Esto es para que actúe conforme a mi fe, que haga obras, no porque me ganan el cielo, en realidad no pueden, sino porque son una manifestación de la fe que Dios ha puesto en mi corazón.  Así que soy justificado pues por la fe en Jesús y hago obras porque son una manifestación externa de lo que Dios en su misericordia ha hecho en mí.

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