Mateo 27: La ejecución de Jesús en una cruz

Durante mi viaje a Israel, tuvimos la oportunidad de pasar unos tres días en Jerusalén.  En la ciudad, le dedicamos unas horas caminando por los que se consideran los últimos lugares donde Jesús estuvo antes de morir, culminando en el Gólgota donde sucede la crucifixión.  Para el que cree, es una experiencia que se queda con uno para el resto de la vida.

Cada vez que reviso y medito en los acontecimientos que culminaron en su muerte, no puedo dejar de pensar que él lo hizo por mí cuando yo no lo merecía.  Ese día comienza en la mañana con su juicio y termina en la noche con su entierro en una tumba prestada. Tantas cosas suceden en unas doce horas que es increíble.

Los principales sacerdotes y ancianos llevan a Jesús a Pilato para que lo juzgue.  Jesús no se defiende.  Pilato sabe que Jesús no es reo de muerte pero no logra justificar soltarlo y no tiene el valor de enfrentarse a los líderes judíos que de seguro crearían un alboroto que llegaría a Roma.  No muy diferente a los políticos de hoy en día.  Pilato procede a lavarse las manos, se declara inocente de la barbaridad que va hacer y el pueblo allí dice: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.”  Luego de esto, Pilato entrega a Jesús para que sea crucificado.

Esa frase nunca la he podido entender a su cabalidad.  La he oído usarse para justificar todo el sufrimiento del pueblo judío a través de los siglos.  Algunos la usaron para justificar la persecución de los judíos durante la Inquisición.  No creo que eso sea correcto.  Primeramente, si eso fuera la justificación, solo se habla de una generación y no de dos mil años de persecución.  En segundo lugar, Jerusalén fue destruida una generación mas tarde, así que castigo tuvieron.  Además, quien se declara libre de pecado para poder juzgar.  No pienso que hayan muchos que hubieran actuado de una manera diferente.  Si uno no conoce a Dios, no puede ver las cosas de Dios y por lo tanto no las puede entender.  Yo soy tan culpable como ellos por su sufrimiento y crucifixión.  El vino a salvar lo que se había perdido, por lo tanto, el vino a salvar a los judíos y también me vino a salvar a mí.

Todos los eventos en su crucifixión mostraban que un ser único en la historia estaba allí. Esto se ve en lo que las escrituras relatan: “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; . . . El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.”  Esto es lo que yo quiero exclamar: “Él es el Hijo de Dios, mi Salvador y mi Señor”.

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Filed under Vida de Jesús en los otros evangelios

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