2 Samuel 11: David y Betsabé

Hoy quiero comenzar por el final del capítulo.  Nos dice la escritura: “Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.”  En ocasiones queremos pasarnos de listos, jugar bajo nuestras propias reglas, ocultar la maldad que hemos hecho pero se nos olvida que al fin y al cabo estamos delante de la presencia de Dios en todo momento y que no hay nada que podamos ocultarle a él.  Lo que hacemos agrada o no agrada a Dios.  Es mi deseo agradar a Dios en todo.  Pero no siempre se logra.  Aquí vemos una ocasión en la cual David falló el blanco por completo.  Tal vez aprendiendo de los errores de David pueda evitar que me pase lo mismo.

El pasaje comienza diciendo “Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.”  Como rey de Israel, David tenía que estar con sus soldados pero decidió quedarse en la retaguardia en Jerusalén.  Si David hubiera estado con sus hombres, cumpliendo con sus tareas, se hubiera evitado desagradar a Dios.  Es para mí importante tener mi tiempo y mi esfuerzo ocupado en la obra.  Esto incluye mis devociones diarias, leyendo cosas relacionadas con el reino de Dios y mi mente ocupada en sus cosas.  Cuando estoy en eso, es más difícil que haga algo que desagrade a Dios.  Si mi tiempo y mis pensamientos están en las cosas que me debo ocupar, hay menos oportunidades de extraviarme de los caminos correctos porque cuando estoy haciendo cosas de mi diario vivir, todavía mi mente se recuerda de su Palabra y cuando se acerca la tentación estoy mejor preparado para defenderme de ella.

Lo próximo que nos dice el pasaje es: “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.”  El dar el paseo no fue el problema, ni siquiera el notar que una mujer hermosa se estaba bañando.  El problema fue que dejo que eso entrara a su corazón y decide pecar cuando pregunta quién es y la manda a buscar.  Estoy seguro que esa mirada no duró un par de segundos sino que duró los suficiente como para que él tomara las otras acciones.  En ocasiones nos encontramos viendo lo que no debemos y en ocasiones estamos en el camino que no debemos demasiado de muy rápido.  En esas situaciones solo hay una cosa que puedo hacer, huir de la tentación.  El ejemplo lo tenemos en la historia de José.  La esposa de Potifar insistía en tener relaciones con él y al fin y al cabo José tiene que salir huyendo desnudo para no pecar.  En última instancia, tal vez David lo que tenía que haber hecho era montarse en el caballo e irse a la guerra hasta que se sintiera capacitado para enfrentarse a la tentación.  El hecho es que a lo largo de ese día en muchas ocasiones pudo haberse arrepentido y evitar desagradar a Dios, pero no lo hizo. De que voy a ser tentado es claro, pero el pasaje en 1 Corintios 10:13 me da esperanza: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”  Dios me va a dar una salida, y si esta es salir corriendo desnudo como José o salir corriendo hacer otra cosa, eso es lo que tengo que hacer.  Mi petición a Dios es que cuando la salida se me muestre, en esos instantes de lucidez yo actúe correctamente.  Y si no la tomó, que el Espíritu me redarguya lo suficiente como para pedir perdón y reconciliarme y volver a estar en comunión con Dios.

David nunca pensó que el paseo de esa mañana y la mirada que tuvo iba a culminar no solo en adulterio sino en asesinato.  En muchas ocasiones pudo confesar y arrepentirse en esos días, pero persistió en el camino erróneo que había comenzado.  Alguien una vez me dijo que era importante mantener cuentas cortas con Dios.  Tengo que evitar pecar pero cuando lo haga, tengo que arrepentirme inmediatamente que sienta la convicción de pecado de parte del Espíritu de Dios.  A veces lo tratamos de ignorar, nos empeñamos en continuar pecando pero en algún momento vendremos a nuestros sentidos.  Cuando esto suceda, tengo que correr a los brazos de Dios, pedir perdón y parar de continuar pecando.  Recordar que Dios no va a permitir que sufra tentaciones que no pueda vencer y pensar que no hay mejor sitio que estar que no sea el de estar gozando de la presencia de Dios.  ¡Señor, ayúdame a serte fiel!  ¡Ayúdame a siempre escogerte a ti y si me alejo, que prontamente regrese a estar en comunión contigo!  ¡Perdóname y sálvame de mi mismo!  Deseo servirte y serte fiel y se que no soy mejor que David, así que ten misericordia y ayúdame a resistir las asechanzas del enemigo de las almas.

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