Éxodo 3: Moisés se encuentra con la zarza ardiente

Dios llama a Moisés, pero éste tiene serias dudas acerca de su habilidad para dirigir al pueblo de Dios.  El trata de presentar excusas del por qué no puede hacerlo y todos las razones posibles para que Dios escoja a otro.  Sin embargo, Dios lo había elegido y por lo tanto lo iba a capacitar para las labores que tiene que realizar.  La vida de Moisés nos puede servir de ejemplo de cómo Dios toma a alguien y lo transforma de un rústico pastor a uno de los líderes mas decisivos y poderoso de la historia de la raza humana.

En el pasaje se nos dice que “y llegó hasta Horeb, monte de Dios.”  El autor probablemente lo llama así porque mas tarde es el sitio donde se dan los mandamientos de Dios.  Allí es el sitio donde se le aparece Dios a Moisés.  El hecho de que hubiera una zarza ardiendo no es lo que es fuera de lo común.  En el desierto hay plantas que se prenden en fuego solas si las condiciones atmosféricas son correctas.  Lo fantástico era que no se consumía.  Esto es lo que le llama la atención a Moisés.  Al acercarse, Dios lo llama por su nombre y el responde con el famoso “Heme aquí.”

¿Cómo será la experiencia de que Dios llame a uno por su nombre con voz audible?  ¿Podré responder heme aquí?  Aunque en diferentes ocasiones he tenido una impresión de Dios hablando a mi corazón o en mi mente, nunca he escuchado la voz audible de Dios.  ¿Creo yo que Dios puede hablar de esa manera?  Claro que sí y sin lugar a dudas que me gustaría que algún día me sucediera a mí.

El lugar que Moisés se encuentra parado, Dios lo identifica y le dice: “quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.”  Esto es lugar santo porque Dios está allí y ha sido separado por Dios mismo para su obra.  Dios procede a decir que “Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores.”    Otra forma de traducir la palabra exactor es capataz.  ¡Dios escucha el clamor de su pueblo!  En el momento de aflicción es bueno saber que Dios va a estar allí y que va escuchar nuestro clamor.  También es bueno saber que hay que tener cuidado de cómo tratamos a otros porque Dios escucha también las oraciones de los que han sido oprimidos y mas vale que siempre estemos del lado correcto y nunca del lado del opresor.

Esto es más fácil decirlo que hacerlo, no porque no tengamos buenas intenciones, sino que en ocasiones no somos capaces de distinguir entre trabajo y opresión.  Cuando es esclavitud, lo podemos distinguir claramente pero cuando es que no se paga bien, si no se dan los beneficios, si no se da la permanencia con muchos años de estar trabajando, todos son indicios de opresión porque no se está tratando justamente al empleado. ¡Qué Dios me de la sabiduría de tratar justamente a la gente que me rodea!

Dios llama y a pesar de haber distracciones tenemos que responder a su llamado haciendo lo que el mande.  “Heme aquí” es una buena respuesta pero mejor es “Heme aquí, envíame a mí.”  ¡Señor, enséñame a confiar y a entregarme sin reservas ni excusas a ti!

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