Éxodo 32: Los israelitas adoran al becerro de oro

Estas historias de Moisés y el éxodo, son una muestra de Dios tratando de enseñar y dirigir a su pueblo, y éste, esforzándose por ser terco y testarudo, a regresar a su vida anterior.  ¡Qué mucho se parece esto a nosotros!  ¿Acaso no es esto lo que nos pasa?  Dios nos bendice, esta cerca de nosotros, algo pasa, se nos olvida lo que hemos aprendido y queremos regresar a la forma de resolver las cosas del mundo.  Pero nosotros tenemos una ventaja que los israelitas no tenían, que podemos aprender de ellos.  Si aprendo, no tengo que cometer los mismos errores que ellos hicieron y que ya yo he hecho.  No es solamente importante entender esto con mi mente y mi corazón sino que tengo que estar dispuesto a mover mi voluntad.  Y ahí es que entra en la ecuación la parte de la terquedad.  Tengo que aprender a ser manso, en el sentido en que las escrituras usan esta palabra, para poder consistentemente vencer.  Y mansedumbre es lo que puedo aprender de Moisés.

No parece que Aarón pusiera mucha resistencia a la petición del pueblo.  Si la hubo, el pasaje no lo registra y cuando al final le contesta a su hermano Moisés su pregunta de, “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?”, tampoco allí le dice algo que demostrara que había vacilado o puesto resistencia de alguna manera.  Aarón había estado junto a Moisés en todos los acontecimientos excepto en la zarza que ardía, así que uno hubiera esperado que supiera más.  La única posible explicación para mí es que hubiera pensado que no hacía nada malo.  Esa situación en que se encontraban era bien particular, porque no había todavía los diez mandamientos, y todos los dioses de la región se representaban con figuras que se podían ver y tocar.  Aarón tal vez pensó que les iba a ser algo que representara a Dios y no necesariamente que es Dios.  En su mente, ese becerro o toro de oro simplemente era una imagen o símbolo de Jehová.  Por eso, luego de ver el becerro y la reacción del pueblo, se nos dice, “Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová.”  De esa manera, tal vez Aarón pensó que resolvió un problema, finalmente tenían a un dios que podían ver y tocar.

Sobre esto, la versión “Traducción en lenguaje actual” (TLA) traduce los versículos 7-9 cuando Jehová habla con Moisés de la siguiente manera: “Baja ya de la montaña, porque el pueblo que sacaste de Egipto se está portando muy mal. ¡Qué pronto se han olvidado de obedecerme! Han fabricado un toro de oro, y lo están adorando. Le han ofrecido sacrificios y dicen que ese toro soy yo, y que los sacó de Egipto.”  Dios no se puede pintar, dibujar, construir o crear.  Aún con las mejores intenciones, pecamos contra Dios cuando tratamos de circunscribirlo a una figura hecha por nuestras manos.  Esto me recuerda, cuando niño, en la iglesia se nos ponía mucho énfasis en que los crucifijos ni las imágenes eran Dios y como evangélico, no me dejaban tenerlas.  Porque aunque no es la intención, cuando tengo algo en mis manos que creo que representa a Dios, me corro el riesgo que lo termine haciendo Dios y le comience atribuirle cualidades mágicas para actuar a mi favor que substituyen en mi corazón a Dios.  Dios es un dios celoso que no deja que nada ni nadie le quite su gloria y su honra.

Finalmente, ¿quién es el responsable de todo el desastre que sucedió?  Es interesante que desde el punto de vista de Aarón, no fue él sino el pueblo, Moisés y el fuego que hizo la imagen.  Dice Aarón a Moisés: “No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal.  Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.  Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.”  En otras palabras: Moisés, no me culpes a mí porque yo no soy responsable, tu sabes que a este pueblo le gusta hacer lo malo.  Me pidieron que hiciera un dios porque tú no aparecías ni vivo ni muerto, así que tu también tienes parte de la responsabilidad.  Además, yo recogí el oro, lo fundí y esto fue lo que salió, así que la imagen es de los caprichos del fuego y yo no tengo nada que ver con eso.

Definitivamente que Aarón le gustaba hacerse la víctima.  No se hizo responsable de lo que pasó, como por ejemplo lo hizo David siglos más tarde cuando fue confrontado por el profeta luego de pecar con Betsabé.  Aarón era el que le hablaba al pueblo los mensajes de Dios , así que era su deber interceder por el pueblo, no el de echarle la culpa.  Por eso es que Moisés se da cuenta que Aarón no puede controlarlos, y que estaban expuestos a las burlas de sus enemigos afectando el buen nombre de Dios.  Moisés actúa, llamando a los que estaban del lado de Jehová, e iniciando, por ordenes de Dios, una matanza en el campamento.  Las cosas de Dios se cogen en serio y con esto Moisés pone las cosas en orden para poder regresar al monte a pedirle a Dios que tenga misericordia con su pueblo.

Nunca debo de tratar de defender lo indefendible, mejor es reconocer nuestro pecado y pedir perdón porque nuestro Dios es uno que es misericordioso y esta dispuesto a perdonar.

2 Comments

Filed under Moisés y el éxodo

2 responses to “Éxodo 32: Los israelitas adoran al becerro de oro

  1. Sobre el evento dice el Salmo 106:20-23 . . .
    Cambiaron al Dios glorioso
    por la imagen de un toro que come hierba.
    21 Dios salvó a nuestros antepasados,
    pero ellos se olvidaron de él.
    Se olvidaron de los milagros que Dios hizo en Egipto,
    22 de las maravillas que hizo en el país de Cam
    y de las cosas asombrosas que hizo en el mar Rojo.
    23 Dios quiso destruirlos,
    pero Moisés, su elegido, se puso entre Dios y el pueblo.
    Aunque Dios estaba furioso,
    Moisés evitó que destruyera a su pueblo.

    Moisés trató de salvar a todo el pueblo. El comando para matar a los idólatras no fue idea de Moisés, pero del Señor, “Así ha dicho Jehová”. A primera vista podría parecer que Dios ordenaba a los levitas a matar a todo el mundo, pero eso no es lo que se implica. Lo que los levitas debían hacer era ir de puerta en puerta para ver los que no estaban dispuestos a renunciar a su idolatría y volverse a Dios y a esos era los que había que matar. Los que se arrepintieran se iban a salvar. Después de matar a 3,000 se acabo la idolatría en el Sinaí. Debe haber sido difícil para ellos pero era de acuerdo a la voluntad de Dios y por eso fueron bendecidos por Jehová. Dios nuevamente era el único foco de adoración de Israel.

  2. Arí

    Moisés ordena a los levitas que pasen por el campamento matando a sus familiares y amigos… Para él, aparentemente la vida de los familiares de “los otros” no valía nada. No así SUS propios familiares…esos sí tenían valor…

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