Deuteronomio 31: Josué sigue a Moisés como líder

Este es último blog de la serie Moisés y el éxodo.  Nosotros estamos acostumbrados a finales felices de Hollywood.  Pero esta despedida de Moisés no es lo que yo llamaría un final feliz.  Primeramente, Moisés no va a entrar a la tierra prometida.  Desde el punto de vista humano, él debería poder hacerlo.  Al leerlo, uno está esperando que a último  momento, algo sucediera que hiciera que Dios cambiara de posición.  Pero no sucede, y eso es lo que es difícil para nosotros aceptar de parte de Dios.  Nosotros esperamos que si Dios perdona el pecado también debe de perdonar y eliminar las consecuencias del pecado.  Pero eso no es así.  En ocasiones lo hace pero en otras no y nosotros tenemos que aceptar su decisión.  Eso no significa necesariamente que nos gusta, solo significa que él es mi Dios soberano y él puede hacer conforme a su voluntad.  Para nosotros, su creación, no lo entendemos pero porque somos su creación y confiamos en él se lo aceptamos.  No es que pudiéramos hacer algo para cambiar la decisión de Dios sino que estamos convencidos de que Dios sabe lo que hace y yo decido simplemente descansar en él.

En segundo lugar, esto no es un final feliz porque en el mismo, Dios anuncia la futura apostasía de Israel.  En lo que debería ser el momento cumbre, se empaña con el anuncio de que el pueblo va a seguir a los ídolos de la tierra que van a conquistar y por lo tanto Dios los va a castigar.  Si alguien se pregunta cuál era el problema principal de los israelitas en aquel momento, aquí lo dice Dios cuando hablo con Moisés que le dice: “He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él;  y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí?”  Malos augurios y sabemos que los israelitas finalmente aprendieron la lección casi mil años mas tarde cuando regresan del exilio babilónico.

Dios le pide al pueblo, que cada siete años, durante la fiesta de los tabernáculos, que lean toda la ley para que la gente oiga y aprenda.  Se nos dice: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.”  Dios es maravilloso.  El provee el camino para que no se nos olvide lo que él enseña.  El camino que él provee es la lectura de las Escrituras.  Si las leemos y meditamos en ellas diariamente, vamos a permanecer fieles a él.  Por eso es que es importante que la oigamos y aprendamos de ella para que no erremos.  Por eso es importante que yo diariamente la lea, la medite y la aplique a mi vida y a mi corazón.  Por eso es que estoy haciendo lo que hago.

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