Isaías 53: El papel del siervo sufriente

Francamente nunca me ha gustado ese título, siervo sufriente.  Lo que Jesús pasó por mí fue terrible.  Tener que sufrir como lo hizo por ese período de 24 a 72 hrs. fue algo que muestra el gran amor de Dios por nosotros y algo que yo no podría hacer voluntariamente.  Pero hubo tres años de ministerio que fueron triunfantes, anunciando las buenas nuevas, sanando a los enfermos, libertando a los cautivos y alcanzando a los perdidos.  Este fue un tiempo que no le dimos ningún título pero que nos muestran el maravilloso papel de Jesús como Mesías y Señor nuestro.  Ese es el que prefiero tener en mi mente aunque reconozco que por mis pecados fue, por un periodo de tiempo, “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto;” el siervo sufriente.

Es claro, que en el plan de salvación, Dios, al comienzo, no iba a enviar a su Hijo en un caballo blanco, totalmente resplandeciente, a liquidar a todos los malos y establecer su reino.  Su Hijo, en forma humana, no iba a ser alguien que ganaría un concurso de belleza.  Se nos dice que “no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.”  La reacción de la gente al ver sus dolores y quebrantos fue que “como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”  Esto está bien en contraste con la idea del conquistador militar que iba a echar fuera al ejército opresor para establecer su reino.  En medio de todo ese castigo, él “no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”

Todo este sufrimiento y entrega resultó en varias cosas.  Se nos dice que, “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”.  En otras palabras, él iba a cargar con nuestra enfermedades y soportar nuestros dolores cuando estuviera en este mundo siglos mas tarde.  Además, se me dice como aquel corito:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones,

molido por nuestros pecados;

el castigo de nuestra paz fue sobre él,

 y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Aunque algunos iban a pensar inicialmente que Dios lo había herido y humillado, tal vez por algo que él hizo, la realidad es que él fue herido por culpa mía, por mis pecados, por todas las veces que traté y volví a caer.  Por eso es que el sufrió por cuenta mía, y gracias a sus heridas yo recibí paz y también fui sanado.

El profeta quiere aclarar también que nadie se escapa del juicio de Jehová y que nadie puede vivir una vida santa, justa y perfecta sin que él directamente intervenga.  Por eso se nos dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”  Todos nosotros andábamos perdidos, haciendo lo que nos daba las ganas, pero Dios decidió, por su gran amor hacia nosotros, que recayera sobre su Hijo el castigo que nosotros merecíamos.

Esto fue lo que este siervo hizo, ofreció su vida como sacrificio por mí.

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