Lucas 15: Tres relatos acerca del amor de Dios

Cuando Jesús habla, para poder entender sus intenciones, siempre la audiencia va a ser parte de la ecuación.  En este grupo que le oye puede dividirse en dos, los fariseos y escribas que se consideraban mejor que el resto, y tenían suficiente orgullo como para oír y no escuchar, y los publicanos y pecadores, que eran aquellos que sabían que no estaban bien con Dios y el pueblo pero podían reconocer que el mensaje de Jesús era para ellos porque querían acercarse al reino de Dios.  En esta situación, los fariseos dicen: “Este a los pecadores recibe, y con ellos come.”  Esto no lo decían como un cumplido sino mas bien para indicar que si él fuera el enviado de Dios, no estaría con ellos para no contaminarse.  ¿Qué pensaríamos nosotros si se estuviera hablando de un pastor de iglesias en estos tiempos?  Yo prefiero tener un pastor que está tratando de alcanzar al perdido que de guardar las apariencias.  El orgulloso es más difícil de alcanzar que aquel que sabe que es pecador y que necesita a Dios.  Así que me parece que los primeros dos relatos son para los orgullosos que escuchaban, para que supieran cual es su lugar y el tercero era para que supieran que todavía había oportunidad.

“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?”  ¿Habrá alguien de entre nosotros que actuaría de una manera diferente?  No lo creo, al fin y al cabo, nosotros gravitamos hacia donde vemos la necesidad y tratamos de resolverla.  Las noventa y nueve están seguras, la otra esta sola y en necesidad porque sin el pastor no va a sobrevivir.  Lo más seguro es que la oveja ni sepa que necesita al pastor pero el pastor sabe que lo necesita, la busca y la encuentra y la trae devuelta al redil.  Por eso es que “habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.”

De nuevo se ve como Jesús tomaba en cuenta a los que oían, la primera habla a los hombres con la historia del hombre que se le extravía una oveja, en la segunda la habla a las mujeres en la historia de la mujer que pierde la moneda en su casa.  Ambas enseñan la misma verdad pero ajustadas a los hombres y las mujeres de la audiencia.  Cuando predico, ¿ajusto el mensaje para que apele a ambos sexos?  No creo que lo haga lo suficiente así que tengo que estar mas consciente para ser mas efectivo.

En el tercer relato, ¿debe ser la parábola del hijo pródigo o debería ser la parábola del padre maravilloso?  Cuando joven, siempre me enfocaba en el hijo que pide su parte, se va, lo gasta todo, se da cuenta de su error y finalmente regresa.  En los últimos años, al leerla, pienso en el padre, que divide la herencia, se mueve a misericordia, recibe, celebra y finalmente le da la perspectiva correcta al hermano mayor.  Cualquiera de las dos versiones que me enfoque es claro que Dios busca al perdido, lo reconcilia con él y se goza del reencuentro.  Le pido a Dios que me enseñe lo mismo a mí, que siempre sea movido  a misericordia, y que me goce y celebre el perdido que se encuentra y reconozca a aquel que siempre ha sido fiel.

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