Romanos 3: Dios provee lo necesario para el perdón del pecado

Uno de los pasajes que conozco desde niño es el que habla de “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.  La primera vez que me enseñaron a evangelizar, ese versículo era el primero que había que aprenderse de memoria.  Esto es por su clara enseñanza.  Todos somos pecadores y si tienes duda de lo que significa “todos”, en versículos anteriores se nos habla acerca de eso.  Se nos dice, “No hay justo, ni aun uno;  No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”  Ese es el problema de la humanidad.  Ninguno es justo siendo yo el primero que desobedezco la ley de Dios.  Tenemos que aprender que nuestro esfuerzo es inútil porque no podemos ser buenos por nosotros mismos.  Tal vez la realización mas grande que se puede hacer es entender que el pecado me ha dañado y que es algo mayor que mis fuerzas.  También entender que por ese pecado he sido destituidos de la gloria de Dios y mi paga justa no es solamente una muerte física sino una espiritual.  Si realizamos esto, nos lanzaremos mas rápidamente a los brazos de Cristo, ha buscar de él porque entenderemos que él es el único que tiene la solución a nuestra situación.

Tenemos que convencernos de que estamos enfermos, de que necesitamos un salvador, y la palabra de Dios es clara con respecto a esto.  La gracia de Dios nos alcanza y es efectiva en nuestras vidas solamente si aceptamos nuestra condición, que somos pecadores y que debido a eso estamos lejos de Dios.  La realidad es que “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”  Las reglas, los mandamientos, fueron dados con el propósito de que realizáramos que no podíamos cumplirlos.  Por eso es que sabemos que hay pecado, porque hay reglas que no podemos cumplir.

Debido a eso es que, “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,”  me puedo acercar a Dios. Es tan simple como esto, si confiamos en que Jesús murió por nosotros, Dios nos perdonará.  Con esto Dios demuestra que es justo y que, gracias a su paciencia, ahora nos perdona todo lo malo que antes hicimos. Dios es justo, y sólo acepta a los que confían en Jesús.

La conclusión de Pablo, de todo el discurso hablado es “que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”  Es por eso que me rindo a Jesús.  Pues Dios me acepta porque confió en Jesús y no porque estoy tratando de obedecer los mandamientos.  ¡Qué infinita gracia de Dios!  ¡Cómo se libera mi espíritu al saber que no es por mí sino por él!

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