Gálatas 3: No obtenible mediante la obediencia de la ley

El mensaje de Pablo es la presentación de Cristo, y este crucificado.  Esta verdad es fundamental porque solo a través de su muerte en la cruz es que puedo ser salvo.  Creer en Jesús es por fe y tiene como resultado la venida del Espíritu Santo a nuestras vidas.  Esto no es por la ley, es por la fe en Jesús.

Nosotros, cuando venimos a Cristo, y recibimos el Espíritu Santo en nuestra vida, nos llenamos de gozo y paz.  El tiempo pasa y como que el vivir por fe no es claro para nosotros, buscamos reglas que seguir.  Algunos nos volvemos legalistas, tal vez porque es más fácil tratar de seguir reglas y de alguna manera alcanzar el cielo, a simplemente confiar que lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz es suficiente.  Tenemos que aprender a confiar y creer que Dios no necesita nuestra ayuda para salvarnos a través de Cristo.  La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas debe de ser suficiente evidencia para nosotros saber que pertenecemos a Dios y alegrarnos en ello.

Uno de los argumentos de Pablo es la manera que viene el Espíritu Santo a nosotros.  Nadie puede decir que ha sido lleno por el Espíritu como resultado de cumplir la ley.  La razón es sencilla, es por el Espíritu, que el deseo de santificarnos viene a nuestro ser y no que cuando tratamos de vivir una vida separada para Dios es que viene el Espíritu Santo a nosotros.  Nosotros recibimos el Espíritu Santo por medio de la fe en Jesús y esto nos llena de bendiciones de parte de Dios.

Nosotros somos hijos o descendientes de Abraham, no necesariamente  por sangre sino por el hecho que hemos confiado en Dios.  Abraham, que fue antes que la ley, fue justificado por la fe.  La promesa a Abraham incluía el hecho de que por él serían benditas todas las familias de la tierra .  Porque Abraham le creyó a Dios, le fue contado por justicia, de la misma manera que nosotros por creer, somos parte de la herencia de Abraham.  Dios nos justifica a nosotros por medio de la fe.

Hay algo que tenemos que realizar.  Si tratamos de vivir por la ley, esa ley nos maldice porque dice, “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.  Nadie se va a justificar por la ley porque el justo por la fe vivirá y la ley no es de fe porque simplemente requiere que se cumpla, algo que no podemos lograr.  Así que somos malditos por no cumplirla y solo Cristo nos puede librar porque él se hizo maldición en la cruz para que la promesa a Abraham me alcanzase, para que por fe podamos recibir el Espíritu Santo, que me ayuda a vivir una vida agradable delante de la presencia de Dios.  ¿Hay alguien que cree que puede salir airoso del escrutinio de Dios?  De ninguna manera, solamente siendo justificados por Cristo es que pasamos porque ya no se me mira a mí sino que lo que se mira es a Cristo en mí.

Otro punto es que el pacto con Abraham precede a la ley y por lo tanto la ley no puede invalidarlo.  Al fin y el cabo el propósito de la ley es que nos lleve a Cristo para que entendamos que solo nos podemos justificar por medio de la fe en el Señor.

Tengo que tener mucho cuidado que a través del tiempo que conozco al Señor, poco a poco piense que por seguir reglas es que me puedo acercar a Dios.  Solamente puedo acercarme por medio de la fe y no por obras.  El cielo no se gana, es un regalo de Dios a todo aquél que cree.  Esas son las buenas noticias que predico y siempre debo de practicar.

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