2 Pedro 1: Asegurando la salvación

En este capítulo, Pedro esta clamando por un regreso al verdadero evangelio, “no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.”   Él nos habla que hay que creer, y como tenemos que vivir si reclamamos que somos cristianos.  Estos son los consejos de un apóstol que sabe que va a morir dentro de poco, “sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.”  ¡Qué relación con Jesús!  Es una relación tan cercana que aún hablan entre ellos de cuando Pedro va a partir a la eternidad.  ¡Yo deseo tener la misma relación!  ¡Yo deseo tener la misma comunión con el Maestro!  No solo esto, sino que Pedro va a ser provisión para que aún después que el muera, tengamos memoria de todo esto.  Este es el apóstol que fue testigo de su transfiguración, así que él habla con autoridad cuando dice: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.”

Pedro da el consejo principal del pasaje, “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”.  ¿Será esto un orden secuencial que buscamos, o natural que sale así o qué?  He visto esto usarse para decir como edificar la Iglesia y hacer discípulos.  Definitivamente que si conocemos a Jesucristo, cada día nos esforzaremos para hacerlo mejor para poder vivir vidas que agraden al Señor, haciendo la voluntad de Dios en nosotros. ¿Acaso no es eso lo que hace un discípulo?  La palabra clave es añadir.  No creo que esto sea algo que meramente pase sino que tiene que haber esfuerzo de nosotros para que suceda.  Es una disciplina espiritual el buscar estas cosas.  Si tengo fe, debo de esforzarme por hacer el bien, no por mis fuerzas sino porque el Espíritu Santo que mora en mí me impulsa a buscar maneras de cómo hacerlo.  A esa buena conducta, le añado el aumentar mi entendimiento de Dios  y sus Escrituras.  Lo que busco ahí es conocer a Dios mejor para que me ayude a dominar mis pasiones y malos deseos y añado la constancia de continuar perseverando hacia la meta final de la vida cristiana.  Tengo que añadir con esto el servicio a Dios, vivir una vida piadosa que muestre el afecto que le tengo a los hermanos en Cristo que me rodean para culminar en el amor.  ¿Es esto una vida que vale la pena vivir?  No me cabe la menor duda que la respuesta a esa pregunta es en la afirmativa.

Pedro me advierte que si no vivo así, actúo como el que se olvida que Dios le ha perdonado todos sus pecados, “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.”  La gran responsabilidad del que ha sido elegido por Dios, es esforzarse para vivir así para que no fracase en su vida cristiana.  El premio está claro, es ser parte del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  La pregunta es sencilla ¿quiero vivir como Dios me enseña en este pasaje que debo vivir o prefiero ignorarlo, explicar la Biblia como mas me convenga y nunca realizar el potencial que Dios había planeado para mí?  Dios, yo escojo la primera alternativa, ayúdame a vivirla conforme a tu voluntad continuando siendo lleno de tu Espíritu.

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