Hebreos 2: Jesús, el autor de la salvación

Todos tenemos que estar pendientes de nuestra salvación.  La escritura dice: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.”  Esto es interesante porque aunque la salvación es un don inmerecido de Dios, hay que atender con diligencia todo lo que hemos aprendido y asegurarnos que lo ponemos en práctica.  El razonamiento es sencillo, si con la ley hay retribución a aquellos que no la siguen, cuanto aún mas con las enseñanzas de Jesús que son superiores a la ley.  Escuchamos como algunos alegan que a la gente hay que traerlas al Señor por amor a Dios y no por miedo al castigo.  Me parece que ambos son necesarios.  Hay muchos que escuchan porque quieren saber donde van a pasar la eternidad, que va a pasar después que mueran.  Si miedo al fuego eterno permiten que escuchen, a Dios sea la gloria.  Si por el gran amor de Dios mostrado en la muerte de su hijo en la cruz, los atrae a escuchar, gloria a Dios también por eso.  Aquí el autor básicamente usa el primer argumento para decirle a los que leen, esto es en serio, el castigo va a ser grande si ignoramos la verdad que aprendimos de Jesús.

Con respecto a la demostración que el mensaje era verdadero, se nos dice: “testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.”  Si esto es así, ¿dónde están las señales, milagros y prodigios y repartimientos del Espíritu Santo en nuestro tiempo y en nuestras iglesias?  A veces le tenemos miedo a esto, pero tenemos que entender que no es de hace dos mil años, sino que también puede ser real en el día de hoy.  Las señales, prodigios y milagros siguen a los que comunican el mensaje confiando que Dios los va a respaldar de una manera grande y gloriosa.  Yo soy testigo ocular de milagros y señales, pero aún mas importante, yo los he experimentado en mí.  Al borde de la muerte en el hospital, fui sanado cuando una congregación se puso de acuerdo a orar y ayunar por mí durante tres días.  Pero aún mas significativo que los milagros y las señales, es el repartimiento de su Espíritu Santo de acuerdo a su voluntad.  Tengo que buscar mas de Dios y pedirle que me continué llenando de su poder, para que cuando predique , la verdad sea puesta evidente por demostraciones del poder de Dios.  No porque controlamos a Dios, o lo podemos manipular, es imposible, sino porque lo que suceda en un momento dado esta de acuerdo a su voluntad.

Hay gente que piensa que la vida de Jesucristo aquí en la tierra fue un paseo para él.  El razonamiento es que como Hijo de Dios, estaba sobre todo así que su vida no pudo ser muy difícil vivirla como hombre.  Sin embargo, se nos dice: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.”  La idea es que Jesucristo, fue perfeccionado cuando estuvo aquí en la tierra a través de su aflicciones.  Este perfeccionamiento no se refiere como Hijo de Dios, él es perfecto, sino como el autor de nuestra salvación.  Estas aflicciones culminaron con su muerte en la cruz porque sino hubiera esto pasado, Jesús no podría ser el autor de nuestra salvación.  Aquel que no tenía que sufrir, sufrió por mí en la cruz y por eso le alabo y le glorifico y le doy gracias.  ¡Qué terrible castigo recibiría si ignoro lo que Jesús hizo por mí!

Algo que surge del pasaje es, ¿por qué Dios escogió salvar a la humanidad y no a los ángeles que cayeron?  Esta pregunta sale de: “Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.”  No creo que la Biblia conteste esta pregunta pero se me ocurre pensar que hay unas grandes diferencias entre ellos y nosotros.  Satanás engendró el pecado mientras que Adán y Eva, sin excusarlos, fueron seducidos a pecar por un ser más capacitados y sutil que ellos.  La otra gran diferencia es que todos los ángeles que se rebelaron tuvieron la opción individual de decidir una cosa u otra mientras que nosotros no estábamos físicamente allí  cuando la primera pareja decidió lo que decidieron.

Sea cual fuera las razones de Dios, el hecho es que Jesús vino a rescatarnos, se hizo igual a nosotros y por eso es que podemos confiar en él.  Y como Satanás le puso trampas para hacerlo pecar, ahora, cuando el diablo nos tienta, Jesús puede ayudarnos.  Es reconfortante saber que no tengo que enfrentarme solo a las tentaciones porque Jesucristo puede socorrerme para vencer. ¡Ayúdame Señor a salir victorioso de la tentación!

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