Hebreos 3: Jesús y Moisés

Es interesante que el autor de la epístola a los Hebreos decidiera hacer esta comparación, no porque no fuera apropiada para sus argumentos, porque lo es, sino porque dos personajes que estuvieron separados por alrededor de 1600 años se conocían.  Recordemos que en el monte de la Transfiguración los dos seres que aparecen a hablar con Jesús es Moisés y Elías.  Claro está, Jesús como Hijo de Dios, conocía a Moisés desde la eternidad, pero como hombre estuvo con él en aquel monte alto.  Solo un dato curioso que me hace pensar.

¿Por qué es Jesús superior a Moisés?  Jesús es superior a Moisés porque Jesús sirvió “como hijo sobre su casa” mientras que Moisés “fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo”.  El argumento del autor es que hay que seguir al hijo que tiene la autoridad sobre el pueblo de Dios que seguir al sirviente que opera en medio del pueblo de Dios.  Además, porque Jesucristo es tan importante en el plan de Dios, que ignorar a Jesús trae peores consecuencias que ignorar a Moisés.  Los israelitas que caminaron por el desierto cuarenta años para finalmente morir allí, rechazaron los mandamientos de Dios y esto puede ser el mismo destino para los que están leyendo la carta a menos que luchen “para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.”  La incredulidad fue lo que hizo que la generación que salió de Egipto pudiera entrar a la tierra prometida.  Esto me puede pasar a mí si dejo que la incredulidad tome control de mi corazón.  ¡Señor, ayúdame a creer!

Tengo que tener mucho cuidado de no alejarme de Dios.  Este alejamiento no es uno físico porque no hay un lugar en los cielos o en la tierra que me pueda ocultar de Dios.  Tampoco  es uno eclesiástico porque yo puedo seguir asistiendo a la iglesia todos los domingos, ser miembro de ella y sin embargo, estar alimentando mi incredulidad con mis actitudes y mis pensamientos.  Lo que tengo que tener cuidado es de no alejarme de Dios espiritualmente debido a que deje de predicarle y deje de servirle.  Que Dios no diga de mí: “Siempre anda vagando en su corazón, y no ha conocido mis caminos.”  Tengo que tener cuidado que mi amor y fidelidad a Dios se vayan apagando y finalmente termine siendo un incrédulo lejos de Dios.

Es importante para mí, poner a Jesucristo primero.  Eso es mas importante que un trabajo, una promoción,  lograr alcanzar un millón de dólares o completar cualquiera otra meta personal que esté alejada de Dios.  Nada puede compararse con escucharlo a él al final de mis días decirme, “¡Bien hecho! Eres un buen siervo y digno de mi confianza.  Entra en el gozo de tu Señor.”

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