Hebreos 10: Jesucristo nos hace perfectos

Lo que no puede hacer la ley con nosotros, lo puede hacer Jesucristo.  Jesucristo nos hace perfectos.  Se nos dice, “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”  El argumento es, si la ley hubiera podido hacer perfectos a los israelitas, no hubieran tenido que presentar el sacrificio cada año porque no hubiera pecado que perdonar ya que eran perfectos.  Pero ese nunca fue el caso.  La sangre de los animales no podía quitar el pecado, porque era parte de un pacto que no estaba completo, no era perfecto.  Pero la sangre de Jesucristo derramada en la cruz, si puede perdonar los pecados de todo aquel que viene a él.  Por eso se nos dice: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”

Jesús me dio acceso directo al Padre Celestial.  No solo me dio acceso, sino que también él es el camino de la salvación.  Solamente a través de él es que puedo acercarme a Dios y pedirle que perdone mis pecados.  En su muerte, cuando él expiró, el velo en el templo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo se rasgó simbolizando que el acceso directo a Dios se había abierto.  Ya el sacerdote humano no era necesario, porque Cristo, como sacerdote ofreció el último sacrificio, así mismo, por los pecados de muchos.  Por lo tanto, debido a que todo ha sido perdonado, ya no hay mas necesidad de otro sacrificio.

Esto es algo glorioso.  Una de las implicaciones es que cuando vine a Cristo, todos mis pecados fueron perdonados, pasados, presentes y futuros.  No solo esto, sino que Dios dice que “nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.”  A veces decimos borrón y cuenta nueva al referirnos cuando venimos a Jesucristo y pedimos perdón.  Pero en realidad, no lo es, porque es solamente borrón, porque él me dio un completo y total perdón.  No hay mas cuentas de mis pecados porque si creí y obedecí, todos ellos fueron perdonados. ¡Aleluya!

¿Qué se espera entonces de nosotros?  Se espera que nos “mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.”  En otras palabras, tengo que seguir confiando en que Dios me salvará.  No lo puedo dudar ni un solo instante porque él va a cumplir lo que me prometió.  Además se espera que nos “considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.”  Tengo que ayudar al hermano y buscar hacer lo bueno.  Tengo que continuar asistiendo a la iglesia, escuchar las exhortaciones y esperar su segunda venida.  Yo quiero ser parte del grupo de los que no “retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”  Esto lo voy a lograr no por mis propias fuerzas, sino por el Espíritu Santo que vino a morar en mí el día que le entregue mi vida a mi Señor.

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