Santiago 3: La lengua

Jamás hubiera pensado que una sección de una epístola sería para hablar de esto.  Hace completamente sentido, porque su uso es desastroso en el pueblo de Dios pero no debería ser así.  Deberíamos estar sobre todo eso pero la realidad es que el hablar de más nos afecta a todos y en algún momento u otro hemos sido parte de su mal uso.  Santiago nos dice: “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”  ¿Quién es perfecto?

El pasaje comienza con la idea de que no todo el mundo debe ser maestro. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.”  En la iglesia casi todo el mundo quiere enseñar pero la pregunta es ¿debe enseñar todo el mundo?  Se nos dice que aquellos que enseñemos se nos juzgará con más severidad.  El problema es que cuando me paro a predicar soy portavoz de la Palabra de Dios.  Tengo una gran responsabilidad de llevar el mensaje y mas vale que no este diciendo disparates.  Esto no implica que debo predicar con temor sino que debo predicar con responsabilidad.

Santiago nos dice que la lengua es capaz de hacer mucho mal.  Es cierto con que ella bendecimos a Dios pero también con ella en ocasiones maldecimos a los hombres.  Con ella se dice grandes verdades pero también con ella puedo decir muchas mentiras.  El meollo del asunto es que tengo que aprender a controlarla.  Dios no desea que seamos chismosos, que hablemos mal de otros, ni que sembremos la cizaña en la iglesia.  Tengo que orar para que Dios la controle, tome posesión de ella y solo diga lo que Dios desea que diga y que siempre tenga palabra de misericordia y comprensión en ella.  Dios siempre ha tenido misericordia de mí, ¿cómo yo no la voy a tener de otros?

Siempre en los circos me llama la atención los actos que envuelven animales.  Ver estos domadores, como controlan a bestias salvajes para que hagan lo que ellos quieren es increíble.  Sin embargo, a pesar de toda la habilidad que demostramos controlando animales, tenemos mucha dificultad en controlar la lengua.  Leí en algún sitio que uno pasa unos diez años de su vida hablando, así es que es importante que la aprenda a controlar.  ¡Señor, someto mi lengua a tu control para que la uses para tu gloria!

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Filed under Epístolas Generales, Santiago

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