Santiago 5: Los ricos, ¡Cuidado!

Depende a quién uno oiga, ser rico puede ser el indicativo de buena relación con Dios o ser rico puede ser el pecado mayor de un individuo.  En esta escritura, Santiago comienza con una advertencia muy seria a los ricos.  Si lo dejará ahí, no creo que le estaría haciendo justicia al pasaje.  En realidad creo que la advertencia es para los ricos egoístas.  Estos ricos han puesto su confianza en la acumulación de las posesiones terrenales olvidando que al fin y al cabo, todo se pudre, se llena de polilla y se enmohece.  Así que Santiago, como los profetas del Antiguo Testamento, les anuncia juicio de parte de Dios si continúan por esos caminos.  Se les acusa de no pagarle el salario a los obreros del campo, poniendo excusas, pero al fin y al cabo es desagradable a los ojos de Dios.  Se ve que Dios escucha los clamores de los que son víctimas de injusticia cuando se nos dice, “y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.”

El otro problema que tienen estos ricos es que han puesto su confianza en lo que tienen y no en Dios.  Viven con mucho lujo, se dan la gran vida ignorando a los otros que tienen necesidad.  Es tanta su confianza en sus cosas que el autor los compara con ganado que ha engordado y por lo tanto esta listo para el matadero.  Todos estos desenfrenos han culminado con quitarle la vida a inocentes, que ni siquiera podían defenderse.

El problema no es el dinero sino el amor a él.  Lo que yo haga con el dinero va a determinar en que categoría estoy.  ¿Soy de los ricos egoístas o soy de los que usan de lo que tienen para avanzar el reino de Dios?  Proveer a su familia, darles un techo, alimento y vestidos son responsabilidades importantes de aquel que clama ser un seguidor de Cristo.  Es igualmente importante asegurarme que no se cometen injusticias, y que mi confianza este en Dios y no en las cosas que tengo.  Eso es más difícil de lo que parece.  Uno desea asegurarle el bienestar a su familia e inconcientemente se traduce a lo que tengo para saber que puedo suplir por muchos años más.  La realidad es que Dios me da tanto, que sin lo que Dios me da, no habría forma que yo pudiera lograr mis objetivos de proveerle a mi familia.  Dios me da salud, me da paz, me da gozo, cuando me enfermo, me sana y tantas cosas más que sería un ignorante si pienso que sin ellas puede cumplir el deseo de mi corazón de cuidar a mi familia.  El acercamiento a Dios debe ser, aquí estoy, todo lo que tengo es tuyo, lo pongo en tus manos y te pido que tengas cuidado de mí y de los míos.  ¿Finalmente aprenderé a confiar en él? ¿Cómo lograré esto?

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.”  En ocasiones se nos acusa de ser escapistas, que estamos más preocupados por el mañana que por el hoy.  No lo creo, nosotros vivimos hoy y esperamos la lluvia temprana y la tardía pero el hecho es que mi patria es una celestial y que espero la segunda venida de mi Señor y Salvador.  Mientras él llega, no me debo quejar de otros y considerar felices a los que soportan con fortaleza el sufrimiento.  Mi confianza está en que Dios, como lo mostró con Job, es misericordioso y compasivo.

Así que si estoy triste, me pongo a orar y cuando estoy contento, cantaré:

Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en la tribulación.

Aunque se traspasen los montes a la mar,

Aunque la tierra tiemble, debemos de cantar.

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Filed under Epístolas Generales, Santiago

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