2 Pedro 1: Esforzándonos en las cosas que Dios quiere

Cuando uno escribe cartas, uno normalmente comienza la misma con unos saludos y buenos deseos.  En esta carta, los deseos de Pedro son que, “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.”  Lo de gracia y paz es rutinario pero es interesante para mí que el desee en el conocimiento de Dios y Jesucristo.  Hay muchas cosas que pido a Dios pero en muy pocas ocasiones le pido que aumente mi conocimiento de él.  Me hace falta conocer mejor a Dios y a quién mejor que él se lo puedo pedir.  Este conocimiento me ayudará a vivir una vida que agrade a Dios, a mantenerme en sus caminos y conocer su gran amor expresado en Cristo por todos nosotros.  ¡Señor, aumenta mi conocimiento de ti para servirte, adorarte y buscarte mejor!

A Dios le pertenece todas las cosas de la vida y la piedad.  El ha decidido dárnoslas por medio de su poder a través de promesas que nos permiten tener parte de la naturaleza divina y escapar de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo.  Necesitamos a Dios si deseamos tener parte de su naturaleza divina.  Por eso es que tenemos que poner todo nuestro empeño para mejorar nuestra vida.  Es claro que en todos estos pasajes que he leído en los últimos meses hay dos extremos de una misma línea. Por un lado se ve en las cartas paulinas que somos salvos por fe, que la obra fue hecha completa, no hay nada mas que hacer.  Por otro lado vemos que en esta cartas generales se habla de que tenemos que esforzarnos, tenemos que buscarlo, tenemos que permanecer fieles hasta el final y tenemos que irnos formando para vivir una vida haciendo el bien y no ser gente inútil que hemos conocido en vano a Jesucristo.  Por un lado, Cristo lo hizo todo, perdonó nuestros pecados y nos reconcilió con Dios.  Por otro lado, yo tengo que creer y obedecer, buscar de Dios, entregarme a él, alcanzar mas conocimiento de él y esforzarme por vivir una vida santa y agradable a Dios.  En nuestras vidas hay luchas, pruebas y retos pero nunca los enfrentaremos solos porque tenemos a su Espíritu dentro de nosotros para guiarnos, redargüirnos y hacernos crecer en él. Por eso se nos dice, “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.”  Aquí vemos las dos partes, Dios nos ha elegido para formar parte de su pueblo y para nunca caer debemos de esforzarnos por buscar y hacer las cosas que nos harán crecer en el conocimiento de Dios y en ser útiles para lo que Dios nos llamó.

Pedro nos da una lista de cosas que tenemos que buscar que estén presentes en  nuestras vidas. Se nos dice: “añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.”  La clave es que tengo que ver esto como una escalera en la que doy pasos para ir alcanzando la estatura perfecta de Cristo nuestro Señor.  El otro punto que es aparente es que hay un orden.  Yo no puedo brincar de la fe a la piedad sin antes pasar por buena conducta, conocer mejor a Dios, dominar mis malos deseos y pacientemente perseverar.  Esto se puede usar para tener planes de discipulado que cubran todos estos aspectos “porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.”  Esto es lo que quiero lograr, no estar ocioso, llevar fruto y crecer en el conocimiento de mi Señor Jesús.

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