2 Pedro 3: La segunda venida de Cristo

El tema de la segunda venida de Cristo siempre me ha fascinado.  Tal vez porque hay una correlación entre nuestra expectativa de que Cristo viene pronto y nuestra vida espiritual.  Cuando más sentido de urgencia he tenido para compartir el evangelio es cuando más he creído que su venida es inminente.  Pedro advierte que vendrán gente a mofarse de nosotros diciendo: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?”  Sin embargo, él nos recuerda que “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”  En esto, no estamos en la misma dimensión que nuestro padre celestial.  Nosotros estamos limitados por el tiempo, Dios es eterno y el tiempo no lo limita.  Dios le hace promesas a patriarcas del Antiguo Testamento que se cumplen miles de años mas tarde y eso no significa que llegaron tarde.  Las cosas suceden al tiempo de Dios y no a nuestro tiempo.

Dios creó los cielos y la tierra y todo subsiste por medio de su palabra, por lo tanto él ha dicho que vendrá, así que no nos quepa la menor duda de que va hacer así.  La razón que se da porque no ha venido es que: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”  Dios es la definición de amor que dio a su Hijo para que muriera por nosotros en la cruz.  Cuando el venga por segunda vez, las oportunidades se acabaron, así que él está dando oportunidades para que todo el mundo se arrepienta y venga a él.  Pero es importante predicar el evangelio a todo el mundo porque así aceleramos la venida del Hijo de Dios.  Deseamos que todos tengan la oportunidad de tomar una decisión.  Sabemos que no todos vendrán pero deseamos que todos hayan escuchado.

El pasaje nos dice: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”  Por eso es que creo que es inminente porque nadie sabe cuando un ladrón va a venir a robar.  Todos los que ponen fechas específicas de su venida están mal.  Nadie sabe el día del intento de robo, así que lo único que uno puede hacer es prepararse.  Pongo alarmas, reviso la seguridad, pongo rejas, añado cerrojos.  No se el día pero estoy listo.  De la misma manera me tengo que preparar en sus escrituras, en la oración, en la búsqueda de su rostro, tratando de alcanzar a tantos como sea posible.  Yo quiero que él me encuentre haciendo lo que debo de hacer.  Yo quiero acelerar su venida.  Yo quiero “ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.”  ¡Amén!  Yo quiero crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”  ¡Ayúdame Señor así!

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