1 Juan 2: Cosas de mi abogado

Este es otro de mis pasajes favoritos.  Esto es lo que me da esperanza.  Cuando vine a Cristo, y ser posteriormente lleno del Espíritu Santo, recuerdo que me sentí como un campeón, lleno de confianza y paz.  Pensaba que con esas experiencias iba a ir de victoria en victoria, que nunca iba a volver a caer, que no había forma en que le fallara a Dios.  Semanas mas tardes, viene la realidad, peco, hago algo que no agrada a Dios y me siento el más miserable de los hombres.  Le he fallado a aquel que dio su vida por mí.  Gracias a la misericordia de Dios, un día en la iglesia, me encuentro con este pasaje.  Me devoré ese primer versículo que dice: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”  Juan escribió esto hace unos dos mil años atrás para que yo lo leyera.  Me da esperanza, una que esta basada, no en lo que yo pueda hacer, sino en lo que Dios hizo por mí al darme el mejor abogado del mundo para que me defendiera, a Jesucristo mi Señor.  Es interesante que el juez en su gran amor por mí, me asigna el mejor abogado.  Aquel que nunca ha perdido un caso.  ¡Ese es mi Dios!

Nos solo Jesús es mi abogado, sino que es la propiciación por mis pecados y los de todo el mundo.  Esa palabra de domingo me gusta.  Según el uso de los griegos, propiciación significaba «aplacar la ira y ganar el favor», generalmente de alguna divinidad que se suponía ofendida, por medio del sacrificio de los dones del adorador.  En otras palabras, la ira justa de Dios debido al pecado es aplacada por medio de un sacrificio.  Ese sacrificio lo fue Jesucristo, cuando el justo murió por los injustos.  Jesucristo es Dios así que en Jesucristo, Dios estaba reconciliando al mundo con él.  La imagen no es de un Dios que estaba listo a lanzarme un rayo debido a mi pecado y Jesucristo se interpuso en el medio para así salvar mi vida.  La imagen debe ser de Cristo satisfaciendo la justicia de Dios para que por su sacrificio yo pudiera ser justificado delante de mi Padre celestial.

Si combino las dos figuras, lo que me dice es que si le conozco, voy a guardar sus mandamientos.  Pero cuando falle, porque se que voy a fallar, si regreso arrepentido a él, abogado tengo delante de Dios.  Por eso, “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”

Hace muchos años atrás, leí un libro que se llamaba “En sus pasos” de Charles M. Sheldon. Ese libro es la historia del compromiso de una iglesia de preguntar: “¿Qué haría Jesús?” antes de tomar cualquier decisión.  Es un llamado a seguir los pasos de Jesús, sin considerar lo que otros puedan hacer.  No puedo ni imaginarme, la profunda transformación que ocurriría en una iglesia que tomara la decisión de “andar como él anduvo”.

Deseo pedirle a Dios que me ayude a caminar en sus pasos.  Deseo que mi vida refleje a aquel que está dentro de mí.  Deseo conocerle tan de cerca que comience a ser un reflejo de Jesús.  Deseo amar a mi hermano, vivir en la luz, y que no haya nada en mi vida que me haga caer.  Mis pecados han sido perdonados.  Es tiempo que sea consistente en vivir mi vida conforme a esa gran verdad.

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