1 Juan 3: Hijos de Dios

A nosotros se nos puede llamar hijos de Dios.  Eso es lo que somos por el gran amor de Dios.  Debido a esto, cuando Jesucristo regrese nuevamente,  seremos semejantes a él y le veremos como nos vemos los unos a los otros.  Esa esperanza me motiva a vivir una vida agradable a Dios de la misma manera que Jesucristo, cuando estaba en la tierra la vivió.  Yo quiero vivir esa vida pura conociendo “que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.”  El quita mi pecado por lo que hizo en la cruz por mí.  Hasta aquí, todo está bien.  El problema para el cristiano no es el perdón de pecados porque ya lo pidió y lo recibió.  El problema es permanecer en él.

El pasaje habla de que, “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.”  ¿A qué se refiere esto? ¿Acaso significa que si fallo en mi testimonio cristiano, no lo he visto ni nunca la he conocido?  Me parece que hay una diferencia entre pecar y practicar el pecado. Ya sé que algunos dirán, pecado es pecado, ya sea una o mil veces.    Pero creo que hay una diferencia entre ambos cuando uno ha conocido a Dios.  El cristiano no se convierte en perfecto inmediatamente, va a fallar, pero no esta buscando constantemente el pecar.  Una de las definiciones de practicar es ejercer continuada o habitualmente como por ejemplo cuando uno dice practicar la abogacía.  El que practica la abogacía, no esta las 24 horas en la corte o escribiendo alegatos legales, sino los que nos indica es que habitualmente es la forma en la cual se gana la vida.

El que ha nacido de nuevo, no es que nunca va a pecar, sino que nunca va a practicar el pecado.  “El que practica el pecado es del diablo”, y por eso es que, “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”  Por eso es que cuando aquel que ha conocido a Dios peca se siente tan terrible, porque tiene la simiente o nueva vida de Dios en su interior que lo redarguye de lo hecho.  Por eso es que siente la necesidad de acercarse a Dios y pedir perdón.  Desea mantener cuentas cortas con él, porque en lo más profundo de su corazón anhela practicar la justicia y estar nuevamente en comunión con su Señor.  Puede ser que la conciencia nos haga sentir culpables pero no podemos olvidar de que Dios es mas grande que nuestros sentimientos y lo sabe todo.

El hijo de Dios ama a su hermanos y hermanas.  Se preocupa, ora, los busca y esta dispuesto a poner su vida por ellos.  Esto se manifiesta en acciones porque “el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”  El hijo de Dios no se siente bien ignorando a los necesitados sino que se une a los esfuerzos de ayudar a aquellos que son menos afortunados.  Nuestro amor hacia los que nos rodean, no debe ser de palabras sino de hechos.

La promesa para nosotros es que si estamos en el buen camino, “cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.”  ¿Cuál es la formula?  “Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.”  ¡Amén!

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