1 Juan 4: Sobre el amor y como descubrir a los falsos profetas

Un tema que generalmente genera mucha pasión, muchos comentarios y muchas opiniones es cuando hablamos de Dios y su verdad.  Todo el mundo, con conocimiento o no,  tiene una opinión y algunos, hasta se convierten en maestros y profetas.  ¿Cómo descubrir los que son de verdad y los que son falsos?  Lo primero que se nos pide es que, “no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.”.  Esto me indica a mí que no hay nada malo en poner a prueba todos los que dicen que tienen el Espíritu de Dios para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios o no.  La prueba principal tiene que ver con lo que enseñen sobre Jesucristo.  Si reconocen que Jesucristo vino al mundo en un cuerpo humano como verdadero hombre, son de Dios.  Juan no tiene que decir que Jesús es Dios porque esos falsos profetas no enseñaban otra cosa.  La enseñanza que esos falsos profetas era que negaban la unión de las dos naturalezas, la humana y la divina, en una persona, Jesucristo.   Esta herejía posee la naturaleza del incipiente Gnosticismo que maduró en el segundo siglo.

Esta prueba todavía me sirve hoy en día.  Por ejemplo, algunos que reclaman conocer la Biblia y hablar de Dios dicen que Jesús es un dios, que no es el mismo con su Padre celestial, que cuando Jesús dice que es uno con el Padre solo se refería a una unión de propósitos y no de ser.  Niegan la idea de un Dios en tres personas.  Por estas y otras cosas tenemos que concluir que no vienen de Dios.  Otros dicen que Jesús fue un ángel, un ser creado, simplemente que fue lo primero que creó Dios y que por lo tanto no era Dios. Otros creen que Dios el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo son uno en voluntad y propósito, pero no son, el mismo ser o sustancia.  Estos tampoco vienen de Dios.  “Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.”  Todas estas cosas que esos grupos creen me ayudan a discernir que son falsos profetas y falsos maestros y que por lo tanto puedo ignorar sus enseñanzas.

Solamente voy a escuchar a aquellos que enseñan y creen que hay un Dios, quien es infinitamente perfecto, y que existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo, y Espíritu Santo.  También tienen que enseñar y creer que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre y que fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. También voy a escuchar a los que enseñan y creen que Jesucristo murió en la cruz, el Justo por los injustos, como un sacrificio expiatorio, y todos los que creen en él son justificados a base de su sangre derramada.  Que Jesús se levantó de los muertos y que él está ahora a la diestra del trono de la Majestad en los cielos como nuestro gran Sumo Sacerdote y que volverá otra vez para establecer su reino de rectitud y paz.  En esto es que yo creo y esto es lo que tienen que creer y enseñar aquellos a quienes escucho y sigo.  Como Juan dice: “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.”

Sobre el amor, Juan nos dice que nos “amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.  El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”  Así que aquí vemos otra forma de saber si alguien conoce a Dios.  Es simplemente hacernos la pregunta de que si ama o no.  Tenemos que ver si ama a sus hermanos de la fe y si lo hace así, Dios va a permanecer en él o ella.  El ejemplo más grande de amor lo tenemos en Dios que envió a Jesucristo al mundo para que nosotros podamos vivir por él y en propiciación de nuestros pecados.  Por eso Juan nos dice: “si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.”

Lo otro que no puedo perder de perspectiva es que en esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios.  No tengo ningún problema con que alguien busque a Dios por miedo al infierno y al castigo eterno.  El problema es cuando luego de venir a él, permanece por miedo a que se vaya a condenar.  Si esto es así, uno tiene que cuestionarse si verdaderamente le ha conocido o no.  Cuando tengo una relación personal con Dios, tengo confianza en el día del juicio porque he sido perdonado y he sido hecho nuevo por él.  Si he confesado que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en mí y yo en él y por lo tanto no hay nada que deba temer.

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