Judas 1: Falsas doctrinas y falsos maestros

La epístola de Judas fue escrita por el medio hermano más joven de Jesús.  El prefiere presentarse como hermano de Jacobo, líder de la iglesia de Jerusalén y autor de Santiago, y no como hermano de Jesús.  Tal vez para poder indicar que él era un siervo de Jesús como todos los demás.  Judas está altamente preocupado por la situación con los falsos maestros y sus herejías.  El mismo nos dice: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.”  El pensaba escribir sobre otro tema, la salvación, pero él considera que la iglesia se enfrentaba a unos peligros mortales y por lo tanto  el cambia de tema y se enfoca a su mayor preocupación, las falsas doctrinas y los falsos maestros.

Judas acusa a estos falsos maestros con “que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios”.  En otras palabras, estos falsos maestros enseñaban que, como Dios nos ama tanto, no nos castigará por todo lo malo que hacemos y por eso se puede vivir una vida desenfrenada.  Nunca la gracia de Dios puede servir de excusa para hacer lo malo delante de un Dios santo.  Eso es ignorancia, o en peor de los casos, pecar pensando de que Dios no va a hacer nada.

Pero se nos advierte que con Dios no se juega.  Solo hay que ver lo que le pasó a los que no creyeron en Egipto, que perecieron, o lo que le pasó a los ángeles que tuvieron relaciones con los hijas de los hombres, que fueron enviados a prisiones eternas hasta el día del juicio.  A los que creen que pueden cambiar el orden natural de las cosas se les recuerda a Sodoma y Gomorra que, “habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza” fueron destruidas.  Muchos hoy en día no se sienten identificados con esos ejemplos pero que cuando Judas nos dice: “No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores.”

Parece que estos falsos maestros reclamaban revelaciones divinas a través de visiones y sueños para justificar inmoralidad sexual, rechazar de la autoridad constituida e insultar a los ángeles.  Esto se parece tanto a estos tiempos.  En varias ocasiones he escuchado pastores justificar sus acciones de separarse de sus cónyuges y casarse con terceros porque Dios se lo reveló ya sea por sueños o por una profecía.  Dios nunca va a estar en contra de sus escrituras y nunca va a decirle a alguien que peque, que no va a ver problemas.  También conozco de personas que no se sujetan a ninguna autoridad alegando de que gozan la libertad en Cristo.  Estos son rebeldes, no saben someterse a ninguna autoridad, y si no son capaces de hacerlo con las autoridades espirituales en esta tierra, ¿quién dice que sabrán someterse a Dios?  Uno no puede esperar ser buen líder cuando uno no es capaz de reconocer a otros con autoridad.

Judas condena a estos falsos maestros con sus herejías y provee una descripción adicional de ellos cuando nos dice: “Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho. . . .Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.”  Yo quiero tener el Espíritu de Dios en mi vida y nunca ser como ellos.  ¡Ayúdame Señor así!  Hay gente que me viene a la mente y es mi oración que Dios tenga misericordia de ellos, se den cuenta de su error y regresen todos al redil.

¿Cómo yo tengo que responder?  Judas me pide que, “A algunos que dudan, convencedlos.  A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.”  No puedo tener parte con ellos en sus doctrinas falsas y su comportamiento carnal pero sí puedo tratar de alcanzarlos si ellos desean oír.

Esta corta carta termina con una de las doxologías mas bonitas de las escrituras.  Así que creo que es propio terminar así.

Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída,

y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,

al único y sabio Dios, nuestro Salvador,

sea gloria y majestad, imperio y potencia,

ahora y por todos los siglos.

Amén

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