Romanos 3: No hay otra forma

Es interesante la posición de Pablo en todo este capítulo.  Primeramente señala que las ventajas que tiene el ser judío consiste en que a ese pueblo se le confió la palabra de Dios.  Algunos no hicieron caso del mensaje de Dios, por lo tanto Dios los castiga, aún cuando les cumplirá lo que les prometió, y el mero hecho de esta acción muestra de que Dios es justo y por lo tanto puede decidir quienes son los malos y quienes son los buenos.  Los detractores de Pablo alegan incorrectamente que si su injusticia hace que la justicia de Dios resplandezca, no deben de ser juzgados como pecadores porque al fin y al cabo por los males es que vienen los bienes.  Pablo esta totalmente en desacuerdo con ellos.

Lo que si Pablo deja meridianamente claro es que nadie es justo en esta tierra.  El pasaje nos señala que, “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.  Mas adelante nos dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”  Por eso es que nadie se puede justificar por la ley porque nadie puede cumplirla.  Usando una analogía del área de la salud, Pablo quiere mostrar de que todos estamos enfermos y la única manera de curarnos es a través de tomar la medicina que es Cristo.  ¿Crees que estas enfermo?  ¿Entiendes de que tienes necesidad de Dios?  Para mí está claro.  Soy un pecador y por mi propio esfuerzo no puedo acercarme a Dios.  Los mandamientos me condenan y estoy delante de un Dios justo y por eso es que necesito un Salvador que me justifique delante de él.  Ese Dios justo, pero también amoroso, hizo provisión para mí si vengo a él “por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él.”  Por eso soy justificado (hecho justo) delante de Dios, como un regalo de él, “mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre . . . “

Esto son buenas nuevas para mí.  Soy malo y por mi propio esfuerzo, sin remedio.  Sin embargo, a pesar de eso, Dios decide abrirme un camino, una puerta para resolver la situación.  De la misma manera que todos somos pecadores, todos los que creen en Jesucristo pueden ser justificados delante de Dios.  Es como si Dios nos ve manchados pero a través del prisma de la sangre preciosa derramada por Cristo en la cruz, él nos ve limpios y por lo tanto legalmente somos considerados justos.  ¡Aleluya!  Por eso es que nadie puede echárselas de que ganó la salvación.  No hay otra forma.  Solamente “el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”

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