Romanos 5: El amor de Dios que nos trae paz

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8

Billy Graham cuenta que en los días de su infancia, su jugador de béisbol favorito lo era Babe Ruth.  En una ocasión, después de un partido tuvo la oportunidad de estrecharle su mano.  El cuenta que por tres días no se la lavó.  Recuerda que todos sus amigos lo envidiaban cuando se enteraron.

Cuando Billy tenía 16 años un amigo lo invito a escuchar un predicador.  Mientras lo escuchaba, él pensó que le hablaban personalmente cuando le decían sobre Romanos 5:8.  Fue en ese momento que la verdad que se habla en ese versículo se convirtió en una experiencia personal para él.  Billy Graham contaba como en aquel momento sintió que todos sus pecados eran borrados por la preciosa sangre de Cristo derramada en la cruz.  Sintió una felicidad enorme.  ¡Cristo se convirtió en su héroe!

La lógica de Pablo en este pasaje es perfecta.  Como él dice: “En realidad, no es fácil que alguien esté dispuesto a dar su vida por otra persona, aunque sea buena y honrada. Tal vez podríamos encontrar a alguien que diera su vida por alguna persona realmente buena.(TLA)”  Pero el caso es que Jesucristo murió por nosotros, cuando precisamente no éramos buenos y estábamos alejados de Dios.  En eso se demuestra el gran amor de Dios, Jesús murió por gente que no se lo merecía pero que el deseaba darle una oportunidad para salvarse.  Argumenta Pablo que si aún siendo enemigos, Dios hizo las paces con nosotros, cuan más aún nos salvará ahora que su hijo vive y que tenemos amistad con Dios.

Pablo regresa a su tema de que la ley fue introducida para que la situación de pecado fuera clara y el hombre entendiera que por si mismo no puede cumplirla y que por lo tanto por si mismo no hay nada que pueda hacer para salvarse.  Por eso es que, “la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;”.  En otras palabras, la ley de Dios fue entregada para que toda la gente se diera cuenta de la magnitud de su pecado, pero mientras más pecaba la gente, más abundaba el generoso amor de Dios.

¿Cómo puedo escapar del castigo eterno si rechazo el amor tan generoso de Dios?  De ninguna manera, porque estaría diciendo que lo que hizo Dios no me interesa, que no tiene valor, que no le creo y que no me importa en absoluto su Hijo, que el sacrificó para salvarme.  ¿Cómo reaccionarias tú en las mismas circunstancias?  Si optamos por rechazar a su Hijo, ¿no es iluso pensar que el día del juicio como quiera seremos perdonados y tendremos vida eterna?  Dios espera pacientemente por uno pero llegará el día que no esperará más.   Por eso hay que correr hoy a él pidiendo perdón y confiando que “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”  ¿Acaso no son estas buenas noticias?

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Filed under Epístolas de Pablo

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