Romanos 8: Más que vencedores

¿Creo yo que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman?  Obviamente las escrituras lo dicen y si lo dice yo lo creo pero la pregunta es mas que eso.  No importa las circunstancias o lo que suceda, ¿estoy convencido de que me va ayudar a bien?  Bueno, aunque a veces es difícil aceptarlo, se que es una verdad.  La pregunta es, ¿dónde es más difícil aceptarlo, en la mente o en el corazón?  Aunque mi corazón quiere creer, en ocasiones la lógica me dice que no veo el bien que pueda salir.  Lo que tengo que recordar es que no es la lógica humana la que cuenta es la divina y Dios conoce todas las variables y sabe como beneficiarme como hijo de Dios.  Tengo que confiar en él aunque no lo vea o entienda.

La fe cristiana nunca se presenta en las escrituras como una relación estática.  Siempre se está desarrollando y las cosas que nos suceden es para movernos más en la dirección de la semejanza de Cristo.  Si lo creemos así, podemos entender el plan de Dios de cambiarnos de lo que somos a lo que él desea que seamos.  Tenemos que pasar por pruebas y tribulaciones porque a través de ellas crecemos en Dios.

¿Qué podemos concluir de todo esto?  Lo que dice el pasaje: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”   Dios suple todas nuestras necesidades y nos protege de aquellos que desean hacer mal a nuestras almas.  En él, todas las cosas son nuestras.  Satanás y sus demonios están en contra nuestra pero al final ellos no van a vencer sobre nosotros.  Si Dios no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, él nos dará junto con él todas las cosas.

¿Quién nos podrá acusar?  Nadie porque Dios mismo es quien nos justifica.  El juez declara a la persona acusada justa en base de su fe en Jesucristo.  Por eso es que todas las acusaciones no se van a sostener y nadie puede traer algo que pueda cambiar esa realidad.

La última pregunta del pasaje es: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?”  Nada ni nadie nos puede separar del amor de Cristo.  Por eso es que Pablo da una lista de extremos comenzando de la existencia (ni la muerte, ni la vida), extremos de ejércitos espirituales (ángeles y demonios), extremos de tiempo (presente y lo por venir), extremos de altura (alto y profundo), y extremos  en lo creado (ninguna otra cosa creada).  Nada de esto “nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Tengo que darle gracias a Dios de que nada ni nadie me puede separar del amor que Dios me ha mostrado por medio de mi Señor Jesucristo.  Si esto es así, ¿por qué voy a temer?  La misma palabra me dice que, “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”  Ya gané por medio de Cristo, así que, ¿por qué me preocupo?

¿Qué quieres?

(Calderón de la Barca)

¿Qué quiero, mi Jesús?…Quiero quererte,

quiero cuanto hay en mí del todo darte

sin tener más placer que el agradarte,

sin tener más temor que el ofenderte.

Quiero olvidarlo todo y conocerte,

quiero dejarlo todo por buscarte,

quiero perderlo todo por hallarte,

quiero ignorarlo todo por saberte.

Quiero, amable JESUS, abismarme

en ese dulce hueco de tu herida,

y en sus divinas llamas abrasarme.

Quiero, por fin, en Ti transfigurarme,

morir a mí, para vivir tu vida,

perderme en Ti, JESUS, y no encontrarme.

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Filed under Epístolas de Pablo

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