Romanos 9: Dios y el pueblo de Israel

Tal vez una de las cosas mas preciadas que tenemos es la salvación de nuestras almas.  La idea de pasar toda una eternidad condenados al lago de fuego nos asusta y es algo que no deseamos que pase.  La idea de estar una eternidad sin Dios, sin estar con él y no gozar de su presencia me asusta mucho más.  Pero Pablo en este pasaje nos dice que esta dispuesto a poner a riesgo todo eso si supiera que de alguna manera eso ayudaría a los judíos a estar cerca de Dios.  El nos dice: “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne”.  ¡Esto si es amar a sus compatriotas! Por amor a su pueblo, Pablo estaría dispuesto a caer en maldición de Dios y quedar separado de Cristo si esto ayudará a los judíos.  No creo que yo pueda decir lo mismo.  Yo haría muchas cosas para alcanzar a mis compatriotas para Dios pero no creo que pudiera decir lo que dijo Pablo.  Para mi de lo más apreciado es la idea de pasar la eternidad delante de la presencia de Dios y con nuestro Señor Jesucristo.

Esto hace uno pensar, ¿quiénes son los hijos de Dios?  Pablo contesta, “No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.”  Abraham tuvo mas de un hijo pero solo los de Isaac son los de la promesa.  Isaac tuvo gemelos con Rebeca pero Dios escogió a uno.  Esto nos da a entender que nadie es hijo Dios por pertenecer a cierta raza o ser el primogénito sino solamente los que son hijos en cumplimiento de las promesas de Dios.  Juan nos dice en su evangelio: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”  Para mí, soy hecho hijo de Dios porque un día lo recibí en mi corazón y creí en él.

Nosotros somos injustos pero sin embargo queremos aplicar una moral de justicia a otros.  Nosotros escogemos, seleccionamos, rechazamos o aceptamos y está bien pero no queremos darle el mismo espacio a Dios.  ¿Es Dios injusto cuando escoge uno sobre el otro?  El pasaje nos dice a este respecto: “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. . . . . De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.”  Dios hace lo que quiere y no porque alguien haya hecho algo malo para merecerlo.  De la misma forma nadie puede cuestionar a Dios.  El ejemplo del alfarero es uno poderoso.  ¿Acaso la vasija puede cuestionarle al alfarero porque es vasija y no taza?  ¿De dónde el hombre puede pedirle cuentas a Dios?  Dios puede hacer lo que él quiera porque por eso es Dios.  Solamente Dios se limita a si mismo por su propia naturaleza.  Dios no puede actuar injustamente porque es Dios justo y por lo tanto sus actos por definición son justos.  Yo puedo aceptar esa explicación de Pablo, ¿puedes aceptarla tú?

Al fin y al cabo, nosotros alcanzamos la justicia que es por fe, o sea que él nos aceptó porque confiamos en él.  Sin embargo, el problema de los judíos es que querían que Dios los aceptara por lo que hacían (cumplir la ley), y no por confiar solo en Dios.

El pasaje termina diciendo: “Yo pongo en Jerusalén una roca con la cual muchos tropezarán y caerán. Pero Dios no defraudará a los que confíen en él.(TLA)”  Esa roca es Cristo y en él quiero anclar mi alma.

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