Romanos 10: Sobre confesar, creer y salvar

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Romanos 10:9

 

¿Qué más necesitamos saber?  Confesar y creer resulta en salvar.  Si esto es así, ¿qué es confesar?  La palabra confesar es del griego “homologeo” que es una palabra compuesta de “homos”, mismo o igual o idéntico, y “lego”, hablar, en otras palabras es, hablar la misma cosa o estar de acuerdo con la idea de que Jesús es el Señor.  Esto es, creer en su deidad, encarnación, sacrificio vicario y en su resurrección.  Ningún judío haría esto si no hubiera verdaderamente puesto su confianza en Jesús porque esa palabra Señor es usada en el Antiguo testamento para referirse a Dios.  Ningún gentil haría esto sino es que ha dejado de adorar al emperador al cuál se refieren como Señor.  Decir que Jesús era el Señor podía implicar hasta la muerte.  ¡Y hay algunos que se quejan de pasar al frente!

“Pues es por creer en tu corazón que eres declarado justo a los ojos de Dios y es por confesarlo con tu boca que eres salvo.”(NTV)  Esto me hace pensar que en nuestra sociedad no puede haber cristianos encubiertos.  Aquellos que no levantan la mano, no se ponen de pie, no pasan al frente, repiten la oración a escondidas pero nunca se bautizan, no lo anuncian ni lo proclaman.  Para mí estos nunca han confesado al Señor.  No digo que tienen que pasar al altar, lo que digo es que tienen que estar dispuestos a hacer una declaración pública de su fe en Cristo.  Aún el ladrón en la cruz lo defendió y pidió que se acordara de él cuando viniera en su reino públicamente.

Esta formula es la que uso cuando bautizo.   Les pregunto algo como, “¿confiesas públicamente que Jesús es tu Salvador y Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos y que ahora se encuentra a la diestra de Dios?”  Al responder en la afirmativa procedo a bautizarlos.  Nosotros en el occidente tenemos la libertad de declarar nuestra fe públicamente.  ¿Por qué a veces tenemos tanto miedo?

Pablo declara que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”  Esto trae un dilema, ¿cómo van a creer, cómo van a confesar y cómo van a invocar si no hay nadie quien les lleve el evangelio?  Ese que va a llevar el evangelio, ¿cómo va a ir sino hay alguien que lo envié?  ¡Qué argumento más grande para misiones!  Yo puedo colaborar con el Señor, enviando y yendo.  Esta capacidad que Dios me ha dado la considero un gran privilegio porque “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”  El dar los recursos para enviar a otros es tan grande bendición como lo es aquellos que van.  Nunca debemos sentirnos de menos porque dimos y no fuimos porque ambos son necesarios para que oigan, crean e invoquen las multitudes que todavía no conocen a Dios.  ¡Gracias Señor por el privilegio de dar y el de ir!

Al predicar siempre hay que darle énfasis a la Palabra de Dios.  Diferente a los políticos, la fuerza de nuestras palabras no están en promesas que hagamos sino en que lo que decimos tiene que estar centrado en la palabra de Dios.  Personalmente me gusta más el mensaje expositivo porque su comienzo, desarrollo y final esta centrado en un pasaje de las escrituras.  Nunca debo olvidar “que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”   ¡Señor, te pido que me des la autoridad, el poder, y la oportunidad de predicar con denuedo tu palabra para salvación del que se pierde y edificación a tu pueblo!

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