Romanos 15 y 16: Ayudando a los mas débiles

En las escrituras siempre uno encuentra el concepto que al que Dios le ha dado y tiene se le exige más.  Por ejemplo, en la parábola de los talentos, de todos que se le dan talentos se espera que los usen y traigan dividendos independientemente si son al treinta, al sesenta o al ciento por ciento.  Con dones, capacidades y entendimiento vienen responsabilidades.  De esta manera es que comienza este pasaje. “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.”  El bienestar y la comunión de los hermanos es de suma importancia y por lo tanto si tengo que limitarme de cosas para apoyar un hermano más débil de la fe que todavía no entiende la libertad en Cristo, pues tengo que hacerlo.  No debo buscar lo que me conviene sino buscar aquello que más conviene a la iglesia.  Esto lo hago por amor y no para buscar aprobación de las personas.  Lo último que yo deseo es que alguien peque o se aparte debido a acciones que yo tome.  Es cierto que cada cual es responsable de sus actos, pero por otra parte yo no quiero contribuir a que personas caigan en error.

De la regla de oro, esta es una versión que nos dice: “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.”  Mi forma de agradar al prójimo tiene que estar basada en dos criterios, que sea bueno y que edifique.   Una de mis funciones como parte de la iglesia es buscar apoyar a los hermanos en su crecimiento espiritual con acciones sanas y buenas.  Dos elementos tienen que estar presentes para que pase esto.  El primero es que tengo que asistir a la iglesia con frecuencia.  ¿Cómo voy a apoyarlos si nunca nos vemos?  El segundo es que mis acciones en ese ámbito tienen que ser para edificación.  Tengo que motivarles, exhortarles, apoyarles en oración haciendo lo bueno y así estaré haciendo mi parte.

Observo que aún Pablo necesita oración.  Él nos dice: Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, . . .”  Pablo, el héroe de la fe, necesita a gente que ore por él.  ¿Cuánto más lo voy a necesitar yo?  Todos necesitamos oración, aún los Pablos de la vida de los cuales no me considero uno de ellos.  Pablo pide por dos cosas, “que sea librado de los rebeldes que están en Judea  y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta”.  Yo puedo también pedir por lo mismo.  Le pido a Dios que me libere de aquellos que se oponen a él y traman para dificultar que la voluntad de Dios se haga y también pido que donde quiera que Dios me de la oportunidad de servir lo haga de tal forma que el servicio sea aceptado por los santos en ese lugar.  Necesito la oración y necesito la bendición de Dios.  Si la tengo, “el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies.”

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