1 Corintios 1: Cristo, poder y sabiduría de Dios

Pablo le escribe la carta a “a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”.  Pablo dice que Dios los ha apartado del mundo por medio de la fe en Cristo y que han sido llamados a vivir una vida pura y santa.  Me gusta que donde las personas solo ven problemas, Pablo ve potencial.  Es la iglesia de Dios en aquel lugar e independientemente de las divisiones y problemas son los santos de Dios en Corinto.  Es peligroso pensar que no hay iglesia donde no se ve perfecta pureza.  El que lo piensa así se debe separar y formar una iglesia de uno.  Dios ve la iglesia en donde creyentes humanamente imperfectos se reúnen a compartir la fe cristiana, donde hay bautismos, donde hay la Cena del Señor, donde al fin y al cabo, a pesar de los problemas, se busca de Dios.  En esta iglesia siempre hay posibilidades de que Dios cambie corazones y transforme vidas y a éstos es que Pablo les escribe.

En esta iglesia, Pablo señala que “nada os falta en ningún don”.  Algunos piensan que si todos los dones del Espíritu están presentes no va haber problemas pero sin embargo aquí tenemos una iglesia que los tenía todos y más problemas graves no podían tener.  No creo que haya una correlación directa entre cantidad de dones presentes y espiritualidad.  La presencia de dones brinda herramientas para bregar con situaciones solamente si estamos dispuestos a someternos a la autoridad y guía de Dios.  He estado en medio de un gran avivamiento, con muchas manifestaciones de dones espirituales, donde existían muchos problemas.  Pero si algo era cierto en ese caso en particular, es que la Palabra de Dios era predicada y gente se convertían y sus vidas eran transformadas.  Dios nos usa a pesar de nosotros mismos porque “Fiel es Dios”.

Pablo estaba claro a lo que Dios lo había enviado.  Él nos dice: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo . . . Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”  Pablo predicaba con poder, ese poder es unción para que la gloria se la lleve Dios.  A veces trato de convencer cuando en realidad no es la sabiduría que pueda haber en mis palabras sino el poder de Dios.  Al fin de cuentas, uno no puede venir a Jesús solamente a base de conocimiento sino que uno viene a Jesús por fe.  Dios no salva a la gente por el conocimiento sino por la fe que genera la palabra de Dios que se expone en la predicación.  Pablo nos dice, “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.”  La lógica humana dice que tiene que ser por conocimiento pero la lógica divina es que las personas se acercan a Dios por medio de la predicación de su palabra.  ¡Qué privilegio es el estar envuelto en esa locura!  Esta resulta en estar en Jesucristo, “el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención”.

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