1 Corintios 4 y 5: Sobre apóstoles y disciplina en la iglesia

¿Cuánta inmoralidad se puede tolerar en la iglesia?  ¿Cuánto se puede defender un siervo de Dios?  ¿Cuál es la autoridad del apóstol o del pastor?  Sobre esto siempre hay diversas opiniones pero creo que aquí voy a tener la oportunidad de escuchar a Pablo hablar sobre el tema.

Para estar encargado de algo en la obra, primero uno tiene que demostrar que es fiel, que se puede confiar en uno.   Pero para esto, uno tiene que tener cuidado y no estar juzgando al uno y al otro.  No debo tener bandos en la iglesia, simplemente observar quien es fiel, trabajar con él y esperar que el Señor venga porque en esos momentos todo va a ser manifiesto y veremos cuales fueron las intenciones reales en todos nosotros.

Si hay algo que sale claro del inicio de este pasaje es que uno no se debe vanagloriar de lo que ha hecho.  Primeramente porque todas las habilidades vienen de Dios y segundo, por cada sufrimiento que haya podido tener en el Señor, hay muchos que han sufrido más.  Además, por cada logro obtenido, hay muchos que han logrado más, por lo tanto, dejemos a Dios el juzgar y recompensar y mejor me dedico a hacer lo que tengo que hacer para la gloria de Dios.

Hace muchos años atrás, me acuerdo cuando mi mamá o mi abuela trataba de disciplinarme, me decían “me avisas si quieres que lleve la correa”.  Algo similar es lo que Pablo está haciendo al final del primero de los dos capítulos.  Él les dice a los hermanos de la iglesia de Corintios, “¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?”   El siervo de Dios tiene autoridad, una autoridad que no viene de sí mismo sino que proviene de Dios.  Pablo les advierte que los va a visitar y quiere ver que grupo va a estar respaldado por el poder de Dios.  Yo no quiero necesitar ser corregido, pero si lo necesito, mas vale una corrección a tiempo aquí en la tierra, a el castigo en la eternidad.

La iglesia local es un hospital para los enfermos espirituales pero tiene que tener normas altas para sus miembros.  Una cosa es que un pecador vaya a la casa de Dios a entender y a buscar, pero otra cosa es que uno que se llama hermano o hermana estén en pecado que todo el mundo conoce y que se le deje y no se haga nada al respecto.  En este caso es un hombre que está viviendo con su madrastra, todos lo saben y nadie hace nada al respecto.  Pablo les dice que tienen que actuar y expulsarlo de la iglesia.  Pablo dice que lo hace para proteger la iglesia local pero que también lo hace “a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”  Aún nuestras acciones disciplinarias deben ser hechas en amor con el propósito que tal vez a través de ellas pueda ver reconciliación con Dios.

El mandamiento de Pablo es claro para la iglesia, “no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.”  ¿Por qué este consejo no se sigue con mas frecuencia en nuestras iglesias?  Bueno, no es que comencemos investigaciones y comisiones para descubrir quien está haciendo algo malo, pero lo que es flagrante de un hermano, no lo podemos ignorar y tenemos que actuar, con amor pero con firmeza.  Dios ya juzgará a los que están fuera de la iglesia pero nosotros tenemos que actuar con los de adentro para proteger el rebaño de Dios.  Le pedimos sabiduría a Dios para estos casos pero también le pedimos a Dios firmeza para hacer lo que hay que hacer.

Leave a comment

Filed under Epístolas de Pablo

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s