1 Corintios 6: Arreglando problemas entre nosotros

Una de las cosas que afecta el testimonio cristiano es cuando estos van a donde jueces no cristianos a resolver sus pleitos.  He visto pleitos por propiedades de iglesias en las cuales uno se pregunta, ¿dónde esta el espíritu cristiano?  Por otra parte, seria injusto no decir que también he visto otras donde no se llegó a corte sino que la civilidad y el deseo de proteger el nombre del Señor prevaleció, buscando soluciones satisfactorias para todas las partes.  Pablo es claro sobre este punto, si hay conflictos y diferencias, deberíamos estar de acuerdo en resolverlas dentro del cuerpo de Cristo.  Un modelo que me gusta es el del árbitro cristiano.  Si hay preocupación de imparcialidad, uno puede buscar a un juez cristiano que decida en el asunto, siendo su decisión final y que ambas partes tienen que cumplir.  En una ocasión pude observar esto pero fue interesante que la parte que perdió decidió como quiera recurrir a los tribunales, aunque estos ratificaron la decisión del árbitro cristiano sin entrar en los méritos del caso porque ambas partes habían acordado que su decisión era final antes de comenzar el proceso.

Meditando en esto, tal vez la iglesia debería tener un ministerio de arbitración y solución de conflictos.  Darle la oportunidad a los hermanos que sepan que no tienen que ir a corte para manejar sus problemas con otros hermanos de la iglesia.  ¿Por qué no ponemos en práctica lo que enseña este pasaje?  Al menos lo podemos comenzar con cosas pequeñas.  Pablo señala que sería mejor dejar que me hagan mal y que me roben a ser de los que hacen el mal y roban.  Tengo que examinar y estar seguro que mi casa está limpia.  Yo no debo hacer lo que me quejo que otros están haciendo conmigo.

El segundo tema que Pablo cubre en este pasaje es que tenemos que glorificar a Dios en nuestro cuerpo y que la libertad que tenemos no es para que pequemos.  Por alguna razón alguna gente piensa que la libertad en el Señor le permite hacer lo que bien le venga en ganas.  Pablo no refuta la idea de que somos libres en Cristo pero si señala que no todo me conviene.  El prefiere señalar los efectos finales de sus excesos.  El da una lista parcial de cosas que aquellos que las practican no tendrán parte en el reino de Dios.  El mensaje es claro, la inmoralidad sexual no puede ser parte de la vida del creyente.

La única cosa que no estoy seguro de entender completamente es cuando Pablo dice, “Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo . . .”  Otros pecados como el abuso de substancias, glotonería, y suicidio tienen efectos perjudiciales en el cuerpo humano.  Tal vez Pablo no se refiere a enfermedades o otros daños que son causados por el pecado.  El probablemente se refiere a lo que acaba de hablar, el cuerpo del cristiano está unido con Cristo y por lo tanto “son miembros de Cristo” mismo.  La unión sexual con una prostituta viola nuestro cuerpo por traer la idea de “una sola carne” a un ámbito incorrecto, afectando la unión mística con Cristo.  Así haría sentido la idea que es un pecado único contra el cuerpo porque viola el hecho de que nuestros cuerpos pertenecen a Cristo.  Todo esto hay que mirarlo en el contexto de Corinto, ciudad que honraba a Venus, la diosa del amor, con un templo erigido en su honor que empleaban a más de 1,000 prostitutas sagradas.

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