1 Corintios 7: Pablo habla del matrimonio

Pablo ahora se mueve a contestar preguntas que la iglesia le ha hecho.  La primera tiene que ver con el matrimonio y en especifico en las relaciones sexuales dentro del matrimonio.  Pablo es un realista.  Menciona que para trabajar en la obra en aquellos tiempos era mejor no estar casado.  Pero, de manera práctica dice que para no pecar, mejor entonces es casarse.  Al leer este pasaje hay que tener muy en cuenta cuando él dice, “Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.”  Esto significa que lo idea de no casarse para trabajar en la obra no es un mandamiento de Dios sino un consejo de Pablo.

La otra cosa que me es aparente es la igualdad en esta área del matrimonio.  Pablo menciona “El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.  La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.  No os neguéis el uno al otro . . .”  Es claro que en las relaciones sexuales en el matrimonio todo el mundo está al mismo nivel.  Ambos tienen que cumplir con el deber conyugal, ni él ni ella son dueños de su propio cuerpo y ninguno de los dos debe decirle al otro que no desea tener relaciones sexuales.  Esto es una sociedad y ambos tienen los mismos derechos.

Es interesante observar que para Pablo el matrimonio no se debe disolver aún cuando uno de los dos es creyente y el otro no.  Nunca he entendido a pastores o pastoras que alegan haber recibido mensaje de Dios ordenándoles que se divorcien y se casen con otras personas.  Pero más increíble es que sus congregaciones lo aceptan y se lo permiten.  En los matrimonios hay muchos problemas pero Dios nunca va a contradecir sus escrituras.  Jesús dijo en Mateo 5:32 y de nuevo en Mateo 19:9 que una persona no puede divorciarse de su cónyuge excepto por causa de fornicación.  La palabra griega usada implica toda clase de inmoralidad sexual, incluyendo adulterio que profana la relación matrimonial.  El divorcio se rechaza terminantemente cuando el propósito inmediato es casarse con otra persona (Marcos 10:11-12). Por tanto, es necesario que el creyente piense en el divorcio sólo como un último recurso y a causa de violación del matrimonio por fornicación, nunca como ocasión para casarse con otra persona.

Cuando uno de los esposos en un matrimonio ha cometido adulterio, al cónyuge ofendido se le permite, aunque no se le requiere, que se divorcie. Si un marido incrédulo o una esposa incrédula se niega a continuar viviendo con su cónyuge y se aparta, el creyente puede aceptar esta separación. Pero si el incrédulo se separa, sepárese según se nos dice, “Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.”  Tal separación puede resultar en divorcio, y en tal caso no se ha pecado.

Pablo permite el divorcio cuando el cónyuge incrédulo de un creyente “se aparta” pero no se permite el segundo matrimonio solamente por motivo de deserción, “y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.”  En otras palabras, si la parte incrédula que se separa no ha muerto ni se ha vuelto a casar, tampoco el que ha sido abandonado debe casarse de nuevo.

Hay otras muchas instrucciones en el pasaje, es importantes entenderlas para que se pueda vivir una vida que agrade a Dios.

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