1 Corintios 12: Sobre los dones espirituales

Por ser el resultado de un avivamiento en Puerto Rico en la década de los 70s, éste fue uno de los capítulos del cual más se hablaba en vigilias y retiros.  Siempre comenzábamos con la ideas de cuantos dones, si habían más, que el de lenguas no era el mejor y otras ideas.  Esto eran como los diez mandamientos de los dones espirituales.  Ahora me doy cuenta que la discusión era la equivocada.  En vez de enfocarnos en los dones teníamos que enfocarnos en el dador de ellos.  Pablo no quiere “que ignoréis acerca de los dones espirituales.”  Sin embargo, comienza la conversación hablando de Jesús porque éste era el centro de su predicación.  Nadie va a maldecir a Jesús si tiene el Espíritu Santo.  Sólo los que son guiados por el Espíritu Santo reconocen que Jesús es el Señor.  Esto no es para su uso místico, en caso que tengamos que saber si alguien está poseído por un demonio o no, sino que es mas bien declarar lo obvio, tú necesitas al Espíritu Santo actuando en ti para reconocer a Jesús como Señor, y esto no sólo de palabras sino de acciones.

Se me habla de dones, ministerios y operaciones siendo el último los diferentes efectos ó trabajos que hace el Espíritu de Dios.  Pablo da una lista de estos dones.  Él menciona palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas.  Estos nueve tienen que estar en cualquier lista que se genere de ellos.  He visto todos ellos en acción y desearía que siempre estén presentes en el vivir de la iglesia local.  El reto de los mismos tiene que ver con los excesos.  Es cuando pensamos que unos dones son mejores que otros y cuando comenzamos a ensalzar a el que lo tiene y no al que lo dio, es que comienzan los problemas.  Me acuerdo en el caso de la profecía, la gente iba a la casa del profeta para que le orara y le dijera si al otro día debía ir a San Juan o no, si debía hacerse novio o novia de este o aquel y otras cosas similares.  Lo interesante era que la profetiza respondía a esto profetizando a diestra y a siniestra.  Le pregunte una vez por qué lo hacía y ella me dijo porque era lo que la gente esperaba.

Los dones no son a base de lo que espera la gente, sino lo que espera Dios.  Son necesarios para el funcionamiento de la iglesia siempre y cuando señalen a Cristo como lo principal.  No hay nada malo en ser profeta, si es lo que el Espíritu Santo te dio, lo malo es pensar que es mi posesión personal y por lo tanto lo voy a usar conforme a lo que bien me parezca.  Uno usa los dones conforme a la necesidad del cuerpo de Cristo, no conforme a lo que me conviene.  Es claro que Dios da el don, por lo tanto a él pertenece y mi trabajo es estar en sintonía con él para entender como lo quiere usar.

Dios nos pone en la iglesia, “primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.”  De la misma manera que el Señor de la parábola de los talentos, dio cinco talentos a uno, dos a otro y un talento al último, lo importante no es la cantidad, para que uno se glorié, sino lo que hacemos con el o los talentos que recibimos.  Nunca me debo sentir superior a los demás por los dones recibidos, sino debo sentirme con una gran responsabilidad para usarlos para el bien de la iglesia.  Mi oración es que Dios me dé dones para el beneficio de su pueblo y que siempre este consciente de la responsabilidad y honor que es servirle.

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