2 Corintios 1: Dios nos ayuda en las dificultades y sufrimiento

Hay quienes alegan que la vida del cristiano es ir de victoria en victoria.  Dicen que para el que cree nada le va a salir mal y que no tendrá ningún problema.  Para complicar aún mas las cosas, dicen que si los hay, es porque se está en pecado.  No hay nada mas lejos de la verdad.  La vida de los apóstoles fue una de persecución, dificultades y sufrimiento.  Esto fue algo que lo llevaron con gusto en el nombre de Cristo pero eso no significa que en el medio de esas dificultades no necesariamente les fuera bien.

Hay algo que es meridianamente claro.  Dios nos consuela en medio de nuestras tribulaciones.  Pablo señala, “. . . el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”  Este consuelo de parte de Dios nos permite poder consolar a otros.  Son muchas las veces que hemos escuchado testimonios de personas que han sufrido alguna calamidad personal y luego Dios les ha provisto la oportunidad de ayudar a otros.  Soy parte de una comunidad de creyentes, soy parte del cuerpo de Cristo y cuando una parte del cuerpo sufre las otras se sienten.  Nosotros vamos a sufrir en esta vida hasta que partamos de este mundo pero es cierto también que en el medio del sufrimiento voy a ser consolado y que no voy a sufrir solo.  Siempre habrá gente de Dios, que él pondrá en mi camino, que me traerán palabra de consuelo y de exhortación que será de bendición a mi vida en medio de mis dificultades.

Para el líder cristiano, las cosas que le suceden, no solo son para su crecimiento, sino que son para que otros tengan consuelo y salvación.  Nuestra vida espiritual se va refinando a través de las dificultades y los problemas.  Si me enfrento a ellos con una visión a corto plazo, me va abrumar, no voy a poder pensar y me sentiré completamente derrotado.  Pero si en oración me acerco a la situación sabiendo que Dios está en control, con una visión de que Dios de alguna forma que no entiendo va a usar esas circunstancias para mi crecimiento y para el bien de otros, eso me ayuda a orar más y a soportar más.  Si a eso le añado, el apoyo de mis hermanos en Cristo, tengo asegurada la victoria en mi batalla espiritual independientemente del resultado físico de lo que esté pasando.

Vez tras vez he visto como cuando pertenezco a una comunidad local de creyentes, ellos han respondido a mi necesidad y han traído consuelo a mi vida.  Le doy gracias a Dios por todos ellos.  No solo me han traído consolación sino también esperanza.  La mejor forma de responder a las necesidades de otros es orando para que Dios actúe a su favor.  Esto es lo que Pablo le pide a los corintios cuando les dice (PDT): “Él nos rescató del gran peligro de la muerte y nos seguirá rescatando. Pusimos nuestra esperanza en Dios y él nos rescatará de nuevo si ustedes nos ayudan con sus oraciones. Si muchos oran por nosotros, también habrá muchos que den gracias a Dios por el beneficio que recibimos de él.”  Nunca debo olvidar el poder de la oración.  No solo para brindar esperanza y consuelo sino para el mover de Dios en medio de la dificultad.

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