2 Corintios 4: Un tesoro en vasos de barro

Una de las tentaciones del ministro de Dios es predicar lo que la gente quiere oír y no lo que Dios quiere que ellos oigan.  Con las presiones de las diferentes necesidades de la vida, y los temores que ellas traen, uno puede sentirse tentado a no ser controversial, a crear un falso sentido de seguridad cuando en realidad Dios quiere otra cosa.  Pablo al describir su ministerio nos dice: (TLA)“No sentimos vergüenza de nada, ni hacemos nada a escondidas. No tratamos de engañar a la gente ni cambiamos el mensaje de Dios. Al contrario, Dios es testigo de que decimos sólo la verdad. Por eso, todos pueden confiar en nosotros.”  Aunque uno haga el esfuerzo de predicar lo más claro posible, siempre va haber gente que no va a entender porque su mente ha sido nublada por el diablo y no les deja ver la luz que traen las buenas noticias acerca de Jesucristo.

Dios, en su infinita sabiduría decidió que nosotros fuéramos quien lleváramos el mensaje de las buenas nuevas.  Así se demuestra que no viene de nosotros, sino de Dios.  Pablo declara: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”.  ¡Esto es maravilloso!  El creador de los cielos y la tierra decidió que yo fuera uno de los que llevara su mensaje.  El mero hecho que lo lleve demuestra que no viene de mí porque no hay forma que yo pudiera hacer esto.  Proviene de sus escrituras, viene respaldada con su poder y solo soy un vaso de barro que lo lleva para la gloria de Dios.  ¡Gracias Señor por tan grande privilegio!

Pablo nos da una perspectiva ministerial única.  Las cosas se ponen difíciles cuando predicamos el evangelio pero no van a ser imposibles.  Él nos dice: (PDT) “Por eso aunque tengamos toda clase de problemas, no estamos derrotados. Aunque tengamos muchas preocupaciones, no nos damos por vencidos.  Aunque nos persigan, Dios no nos abandona. Aunque nos derriben, no nos destruyen.”  En mi vida habrá momentos que parecerán que estoy a punto de ser derrotado, a punto de perder la batalla y a punto de ser destruido pero nunca se me debe olvidar que el que me dio el mensaje está conmigo y él es más poderoso que el dios de este mundo.  Nunca he sentido que mi vida esté en peligro por predicar su palabra, ni puedo decir que haya sufrido agobiante persecución por ello.  Por eso admiro y oro por aquellos que se encuentran en lugares donde esto es una realidad y tengo que hacer esfuerzos para ayudarlos con mis oraciones y mi apoyo económico.  Mi deseo es nunca debo ser carga para ellos sino una bendición y que ellos puedan contar conmigo.

Los años pasan, las enfermedades vienen pero Pablo es claro en decir que sigue hacia adelante.  “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.”  El pone su mirada en las cosas espirituales y eso le da fuerza a continuar.  Mi mirada tiene que estar puesta en lo que no se ve para cada día ser fortalecido por su poder.  Leyendo sus escrituras, orando y meditando permite que ese hombre interior se renueve.  Aunque externamente envejecemos y nos debilitamos, internamente el espíritu se fortalece.  ¡Dios nunca nos deja!  ¡Él es siempre fiel!

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