2 Corintios 8 y 9: La ofrenda para los santos

El hablar de ofrendas siempre es algo difícil.  El problema es que las ofrendas siempre benefician físicamente a alguien y por lo tanto siempre sospechamos de aquel que habla del tema.  La realidad es que no nos gusta dar.  Lo asociamos con un sacrificio cuando en realidad es una bendición, una obligación cuando es un privilegio, pensamos que traemos cuando es que devolvemos, que damos cuando en realidad es que recibimos.  Todo esto es al revés.  Pensamos que el dinero da seguridad cuando en realidad trae preocupaciones.  No se puede perder aquello que no se tiene, no se puede dar de lo que no poseo.  Si todo lo que tengo pertenece a Dios, cuando se lo devuelvo ¿por qué he de perder el sueño?

Pablo en estas escrituras habla de los efectos secundarios de la generosidad.  Casi siempre cuando Pablo habla del tema, lo enfoca desde el punto de vista de la responsabilidad cristiana de auxiliar a los necesitados.  Pero esta vez él habla del que da, se enriquece y se beneficia.  Además, una ofrenda puede servir como acto de adoración a Dios y puede inspirar fe y acciones de gracias por parte de otras personas.

El pasaje provee ejemplos como el de las iglesias en Macedonia, que a pesar de las tribulaciones y su profunda pobreza fueron generosos en el dar.  Su ejemplo es que, “con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.”  Aún en su pobreza, la iglesia en Macedonia consideraba un privilegio el poder dar y colaborar en la ofrenda para los santos.  El argumento para los corintios es que ya que abundan otros dones en medio de ellos, éste también debe de abundar, el de dar con liberalidad.

El asunto de las ofrendas, siempre trae murmuraciones indebidas.  Por eso Pablo menciona a Tito, y al otro hermano que fue escogido por las iglesias en Macedonia para acompañarlo.  En esto de las finanzas siempre hay que ser extra cuidadoso.  Pablo menciona que su acercamiento es evitar “que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.”  Por eso creo que mientras más cuentas claras en la iglesia, mejor es.  Es con todo y precauciones, se desatan chismes y contiendas, no puedo ni imaginarme como serían las cosas si se hacen en lo oculto y en secreto.

Pablo los reta a dar.  Dice que personas viene con él, oyeron cómo él hablaba de la generosidad de  los corintios, así que espera que ellos no hagan que él luzca mal.  ¿Cómo se debe dar? “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”  ¿Doy alegremente?  En las mayorías de las veces sí aunque en ocasiones me pesa un poco.  Mi solución siempre ha sido darlo rápidamente luego de tomar la decisión para que no haya segundos pensamientos.  Sencillo pero efectivo.  Jesucristo fue a la cruz por mí, ¿cómo yo no voy a estar dispuesto a dar para su obra?

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