2 Corintios 11: Pablo y los falsos apóstoles

Pablo siente un celo por la iglesia de Dios y por la sana doctrina que es encomendable.  Él sabe que ha predicado la verdad, sabe que tiene la autoridad de parte de Dios y por lo tanto se siente con el respaldo de Dios para reprenderlos al decir: “Y es que ustedes aceptan con gusto a todo el que viene y les habla de un Jesús distinto del que nosotros les hemos anunciado. Aceptan un espíritu diferente del Espíritu Santo que recibieron, y un mensaje distinto del que aceptaron. (TLA)”   Pablo, el gran apóstol, siente que debe establecer sus credenciales con la iglesia de Corinto, y dejar claro, que contrario a los otros que llegaron después, que nunca ha sacado ventaja de ellos.  ¡Ni siquiera aceptó sostenimiento de parte de ellos!

Pablo usa una frase que me sorprende, “Pues aunque sea tosco en la palabra,” que me indica que Pablo no se considera tan elocuente como sus adversarios pero que en conocimiento había demostrado que lo tenía de parte de Dios.  Si esto es así, contrasta con la idea general de que Pablo debió haber sido excelente orador.  No digo que no supiera hablar, sino que según él, no tenía una gran habilidad para hablar, sin embargo Dios lo llama y lo utiliza para expandir el evangelio por todo el mundo conocido.  Yo no tengo que ser el mejor en lo que hago en el trabajo cristiano, sino que lo importante es que esté lleno del poder y de la autoridad de Dios.  No es mi obra, es la de Dios y por lo tanto a él tengo que someter toda intención, obra y esfuerzo para su gloria.

El apóstol Pablo procede a hablar bien de sí mismo.  Él les advierte que, “Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloriarme.”  En otras palabras que lo que va a decir no viene de parte de Dios porque sabe que presumir de sí mismo está actuando tontamente.  ¡Gracias a Dios que lo hizo porque nos permite conocerle un poco mejor!  Pablo siente la necesidad de contrastar sus credenciales contra la de sus adversarios en la iglesia.  Estos últimos habían explotado a los corintios, tomados bajo su control y se creían mejores que ellos.  Sin embargo, los corintios los habían tolerado, así que Pablo les va a mostrar sus credenciales para que las comparen con ellos.  Él nos habla acerca de que todos son judíos, que servían a Dios pero que él había trabajado más y sacrificado más por Cristo.  Menciona que ha estado más veces en prisión, ha soportado más azotes que ellos y ha estado expuesto a la muerte más frecuentemente que ellos.  Lo que Pablo sufrió por servir a Cristo es increíble.

Esto me hace preguntar, ¿estaría yo dispuesto a pasar por lo mismo?  No creo que haya sido planeado por Pablo, ni siquiera al principio que él supiera que eso era lo que le esperaba, pero el hecho es que lo soportó con el único propósito de predicar sobre Jesús y éste crucificado y resucitado al tercer día.  Siempre me preocupo por los Pedros que dicen que aunque otros lo nieguen ellos no lo harán.  Yo creo más en el día a día, quiero serle fiel hoy y mañana le pediré lo mismo.  Vivo confiado que él estará a mi lado, me sostendrá y me hará fiel.

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