Gálatas 1: No hay otro evangelio

Esta carta comienza con un saludo corto y no incluye una parte donde los alabe calurosamente como en otras cartas.  Parece cómo que él no está contento con lo que está pasando.  Al leer la carta veremos cuales son todos los problemas pero Pablo comienza diciendo: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.”  Esto es una acusación seria que tiene que ver con el énfasis de los gálatas en las prácticas judías que podían resultar en una devaluación de lo que Cristo había hecho.  Pablo está preocupado que la fe en Cristo se convierta en uno de los muchos pasos para la salvación, en vez del único, teniendo como resultado la perversión del evangelio.

La gracia de Dios viene por Su iniciativa, por su llamado y no por nada que nosotros hayamos hecho para merecerla.  Algo que es claro es que no podemos añadir requisitos adicionales a la salvación por fe en Jesucristo.  Si alguien lo hace, está cambiando el evangelio y por eso estaría bajo la condenación de Dios o sería “anatema”, maldito.  Es interesante notar que una de las acusaciones que se hacían en contra de Pablo era el hecho de que predicaba una forma fácil del evangelio, uno que solo requería fe y no cumplir con todas las reglas que los judíos estaban sujetos.  Pablo señala que su autoridad viene de Dios y que los hombres solo se la confirmaron, no se la dieron.  Por esa autoridad que le fue dada, él enseño lo que Jesucristo le reveló, no vino de hombre alguno, y esa revelación era la salvación por fe.

Todos nosotros somos productos de la gracia de Dios.  Antes de nuestro nacimiento, antes de que nosotros pudiéramos hacer algo bueno o algo malo, Dios escogió darnos fe para que podamos creer.  Nadie nunca se ganó el llamado de Dios; es un regalo.  Por eso Pablo dice: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia”.  Yo creo que de la misma forma todos los que servimos a Dios fuimos llamados por su gracia, siendo por completo una decisión de nuestro Padre celestial.  El evangelio es hecho por Dios, por eso nadie lo puede cambiar.

En estos tiempos son muy pocos los que argumentan que tenemos que aceptar el legalismo judío para suplementar la gracia, aunque siempre existe la tentación de relegar la gracia a un segundo lugar.  Nuestra tendencia es poner nuestros logros en un pedestal, poder decirle a Dios, “mira lo que he logrado”.  Pero mezclar la gracia con cualquier otra cosa es hacer una parodia del evangelio.  ¡Demos gracias a Dios de que es por fe solamente y no busquemos complicarnos más la vida con falsas doctrinas!

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Filed under Epístolas de Pablo

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